✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 16 de agosto de 2026
En el CLXVIII aniversario de la instalación del primer cable telegráfico transatlántico

Tal día como hoy, domingo, 16 de agosto, festividad de San Roque (siglo XIV), venerado como el Patrono de los enfermos, los perros y protector contra epidemias y plagas, en la que ya es la trigésimo tercera semana de 2026, se cumplen 168 años (lunes, 1858), de la instalación del primer cable telegráfico transatlántico, tendido entre Trinity Bay (Terranova, Canadá) y Valentia Island (Irlanda). Todo un hito en la Historia de las Comunicaciones: el mundo se volvía más pequeño, más conectado y más rápido.

Antecedentes
En una época en la que todavía no se había inventado la bombilla eléctrica y en la que ni siquiera se conocían algunas leyes fundamentales de la electricidad y física, el experto en telégrafos Cyrus West Field (1819 – 1892) y el físico William Thomson (lord Kelvin, 1824 – 1907) decidieron poner en práctica una idea: conectar mediante un cable submarino el continente europeo y el americano.
En 1840, las comunicaciones telegráficas terrestres ya están plenamente extendidas, tanto en Europa como en Estados Unidos. La idea de un cable telegráfico transatlántico que permita conectar Europa y América surge en 1842, cuando Samuel Morse (Samuel Finley Breese Morse, 1791 – 1872) comienza una serie de experimentos para el tendido de cables submarinos. Un año después, en una carta dirigida al secretario de Hacienda de EE. UU., afirma que “es posible una comunicación telegráfica a través del Atlántico. Por sorprendente que parezca, llegará un día en que este proyecto se realice”.

En 1843 se presenta un nuevo material, conocido como gutapercha, obtenido mediante la exudación de la savia de árboles del género “Palaquium” y “Isonandra”, originarios del sudeste asiático: Malasia e Indonesia. El Diccionario de la RAE dice sobre la palabra “gutapercha”: “Del ingl. “gutta-percha”, y este del malayo “gata perča”. 1. f. Goma traslúcida, sólida, flexible, insoluble en el agua, que se obtiene haciendo incisiones en el tronco de cierto árbol de la India, de la familia de las sapotáceas. Blanqueada y calentada en agua, se pone bastante blanda, adhesiva y capaz de estirarse en láminas y tomar cualquier forma, que conserva después de seca. Tiene gran aplicación en la industria para fabricar telas impermeables y sobre todo para envolver los conductores de los cables eléctricos, por ser sustancia muy aisladora”. Dos años después se crea la “Gutta Percha Company”, que monopoliza la fabricación de cables submarinos durante algún tiempo, empleando este material como aislante.
El primer cable telegráfico submarino conecta Francia e Inglaterra en octubre de 1851 a través del estrecho entre Dover y Calais. El cable está formado por 4 hilos de cobre de 1,65 mm de diámetro, recubierto con 2 capas de gutapercha, revestido de cáñamo embreado y protegido con una armadura de alambres de hierro galvanizado. Otros cables submarinos son tendidos entre Inglaterra, Irlanda, Bélgica, Holanda y el Mediterráneo, de modo que en 1858 ya hay más de 30 líneas sumergidas, siendo la más larga la del mar Negro (574 kilómetros), que conecta la ciudad de Varna (Bulgaria) con Balaklava (Crimea).

Una vez demostrada la viabilidad de la telegrafía submarina, y viendo sus ventajas frente al correo tradicional, ya que una carta entre EE. UU. y Europa tardaba en llegar unos 10 días, se decide llevar a la práctica el proyecto de instalar un cable a través del Atlántico. El desafío no es menor: tender unos 4 mil kilómetros de cable a profundidades que alcanzan los 4 mil metros.
El proyecto y su realización
Los promotores del proyecto son el ingeniero de telégrafos Frederick Newton Gisborne (1824 – 1892), Samuel Morse y el empresario Cyrus West Field, creador de la “Atlantic Telegraph Company”. Los trabajos son sufragados mediante la venta de acciones de dicha compañía, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. El gobierno británico colabora económicamente y, además, cede los barcos necesarios para el tendido.
Una empresa manufactura un cable compuesto por siete alambres de cobre, recubierto con tres capas de gutapercha y blindado con una espiral de hilos de acero. El diámetro total del cable es de tan solo 1,75 centímetros, lo que permite una gran flexibilidad. Está calculado para poder ser sumergido verticalmente en el agua 6 millas sin romperse.

En la primavera de 1857, dos barcos de guerra modificados, el USS “Niagara” (1855), fragata de hélice, y el HMS “Agamemnon” (1852), navío de línea de segunda clase, cargan cada uno la mitad del cable, que empalman en medio del océano. A partir de ese punto, el “Agamemnon” desenrolla cable navegando hacia la bahía de Valentia Island (Irlanda), mientras el “Niagara” va sumergiendo cable en dirección a la bahía de Trinity, en Terranova.
El martes, 11 de agosto de 1857, cuando el “Niagara” se encuentra en una zona con una profundidad de 3600 metros, uno de los ingenieros a bordo observa cómo se parte el cable al elevarse el buque durante un fuerte oleaje. Se pierden unos 650 kilómetros de tendido, la misión se interrumpe y los barcos se retiran. A pesar de este fracaso inicial, la “Atlantic Telegraph Company” encarga la fabricación de más cable y, una vez cargado en los barcos, éstos parten de nuevo.

El sábado, 26 de junio de 1858, en medio de una dura tormenta, ambos buques consiguen realizar el empalme y tender 74 kilómetros de cable. Sin embargo, el cable se parte en las profundidades del mar. Dos días después vuelven a realizar el empalme, pero el cable se rompe 2 veces mientras se tiende desde el “Niagara”. En la noche del martes 29, el cable se vuelve a romper cuando se está sumergiendo desde el “Agamemnon” y cuando los barcos se encuentran a más de 500 kilómetros de distancia entre ellos, lo que obliga a ambas embarcaciones a regresar de nuevo, sin acabar su misión. Cuando el escepticismo se ha apoderado de la opinión pública y se duda seriamente del éxito del proyecto, se realiza un nuevo intento. Esta vez el “Niagara” y el “Agamemnon” parten de Irlanda acompañados de otros dos buques. El jueves, 29 de julio de 1858, realizan el empalme en un mar en calma. Se separan lentamente y, día tras día, van desenrollando cable en las profundidades de un océano tranquilo. Continuamente envían señales eléctricas a través del propio cable para comprobar su integridad.

El miércoles, 4 de agosto, el “Niagara” atraca en la bahía de Trinity y, casi al mismo tiempo, el “Agamemnon” entra en la bahía de Valentia. La misión ha sido un éxito. Sólo queda conectar el cable transatlántico con la red terrestre.
El primer mensaje telegráfico a través del cable transoceánico se envía desde Irlanda el lunes, 16 de agosto de 1858, y dice: “Gloria a Dios en el cielo, paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”. Después, la reina Victoria de Inglaterra (1819 – 1901) y el presidente de los Estados Unidos James Buchanan (1791 – 1868) intercambian telegramas: “La Reina está convencida de que el Presidente compartirá con ella la ferviente esperanza de que el cable, que ahora ya conecta Gran Bretaña y Estados Unidos, constituirá un vínculo adicional entre las dos naciones, cuya amistad se basa en el interés común y en su recíproca estima”.
Por su parte, Buchanan envía un fervoroso mensaje: “Éste es un triunfo más glorioso porque es mucho más útil para la humanidad de lo que un conquistador ha podido ganar en un campo de batalla. Que el cable transatlántico, bajo la bendición del cielo, demuestre ser un vínculo de paz y amistad perpetuas entre las naciones afines, y un instrumento destinado por la Divina Providencia para difundir la religión, la civilización, la libertad y la ley en todo el mundo”.

Las celebraciones y los mensajes exaltados se suceden. Nueva York es engalanada con banderas, se lanzan fuegos artificiales y se iluminan los edificios. El cable es considerado por algunos como “la octava maravilla del mundo”. En la revista semanal literaria americana “Frank Leslie’s Illustrated Newspaper” puede leerse: “El cable telegráfico es un completo triunfo. Los mensajes circulan libremente y no hay duda de que en breve se podrá aumentar la velocidad de las transmisiones. No hace falta recordar al público cuán pocos tenían fe, hace tan sólo un mes, en un logro tan maravilloso”.
A pesar de tan desbordante alegría, la realidad es que los mensajes se transmiten con una lentitud extrema. El mensaje de la reina Victoria tarda 17 horas y 40 minutos en recibirse: se necesitan 2 minutos para transmitir una sola letra.

Colofón
En un intento por aumentar la velocidad de las comunicaciones se comenzaron a aplicar voltajes excesivos, lo que, junto con la precariedad del diseño del cable, acabó por deteriorarlo rápidamente, hasta el punto de que quedó definitivamente inutilizado sólo 3 semanas después de su inauguración. Es el ejemplo de una época en la que se afrontan grandes desafíos sin contar aún con el desarrollo tecnológico y el conocimiento científico para abordarlos con garantía de éxito.

No es hasta 1866 cuando, tras varios intentos y diversas dificultades, el barco de vapor “Great Eastern” tiende un nuevo cable transatlántico. Esta vez el cable es más grueso, con mejor aislamiento y un mayor blindaje. Alcanza una velocidad de comunicación 80 veces superior al cable de 1858, y consigue conectar por primera vez ambos continentes de forma duradera y efectiva.
En la actualidad ya hay más de 12 cables submarinos que cruzan de lado a lado el océano Atlántico. Cuentan con todo tipo de protecciones y aislamientos, además de tratarse, en su mayoría, de fibra óptica, por lo que funcionan con señales de luz.