✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 31 de mayo de 2026
En el CXX aniversario del atentado anarquista contra el rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia de Battenberg
Tal día como hoy, domingo 31 de mayo, festividad de la Visitación de la Virgen María, en la vigesimosegunda semana de 2026, se cumplen 120 años (jueves, 1906), de la boda entre el rey Alfonso XIII (1886 – 1941) y Victoria Eugenia de Battenberg (1887 – 1969) y del atentado anarquista contra la comitiva que se dirige hacia el banquete en el Palacio Real.

ANTECEDENTES
Tras el viaje a Inglaterra del rey Alfonso XIII en junio de 1905, la primera visita de un monarca español a Inglaterra desde que Felipe II llegó para casarse con María Tudor, se comienza a barajar en España la posibilidad de que el Rey se comprometa con una princesa inglesa. Finalmente, tras una larga etapa de conjeturas, tanto en la prensa española como en la británica y francesa, el enlace se hace oficial el jueves, 25 de enero de 1906, cuando el Rey visita a la princesa Victoria Eugenia en Biarritz (Villa Mouriscot) y hace público su compromiso.
La escritora y periodista Raquel Piñeiro Portela (Vigo, 1982), en su artículo “Un enlace cubierto de sangre: la boda Alfonso XIII y Victoria Eugenia” (Vanity Fair, 18 junio 2022), afirma que: “Victoria Eugenia, apodada familiarmente Ena, era la nieta número 32 de la reina Victoria y el primer miembro de la familia real nacido en Balmoral. Tenía solo un año menos que el rey Alfonso XIII y se la describía como “bien educada, inteligente y totalmente carente de ambición. También era rubia y atractiva, valores a tener en cuenta en una futurible esposa. De hecho, durante uno de los veranos familiares en Osborne House, en la isla de Wight, el príncipe Boris de Rusia, primo del zar, se había prendado de ella, aunque el compromiso no llegó a hacerse oficial”.
El miércoles, 7 de marzo, tiene lugar en el palacio de Miramar de San Sebastián, la ceremonia privada del bautizo de Victoria Eugenia para pertenecer a la Iglesia Católica. Al acto asisten personas muy cercanas a su futuro esposo, como el duque de Alba, el duque de Sotomayor, Mayordomo Mayor de Palacio, o el marqués de Viana.

Al mediodía del jueves, 24 de mayo, la princesa Victoria Eugenia, acompañada de su madre, la princesa Beatriz del Reino Unido (1857 – 1944), llegan en un vapor al puerto de Calais (Francia), para tomar el tren con dirección a España. El viernes, 25, la estación ferroviaria de Irún muestra un aspecto festivo y solemne. Alfonso XIII, junto a una destacada comitiva, esperan la llegada del tren que conduce a la princesa Victoria Eugenia. Un primer cañonazo desde el fuerte de Guadalete anuncia que el tren está cruzando el puente internacional cercano a Hendaya. Al poco, se estaciona en el andén francés de la estación de Irún, mientras la Banda de Música interpreta la Marcha Real al estruendo de más cañonazos.
Alfonso y Victoria Eugenia acceden al salón de espera del lado español y, poco después, embarcan en el tren que los lleva hacia Madrid haciendo paradas en San Sebastián, Valladolid y Segovia. Desde la Estación de El Plantío (Majadahonda, Madrid), sale una larga columna de coches, carruajes y jinetes rumbo a El Pardo, donde llegan a las 19:15 de la tarde del sábado 26. Alfonso viene montado en su caballo favorito y la reina madre (María Cristina de Habsburgo – Lorena, 1858 – 1929), junto con las princesas Victoria Eugenia y Beatriz, viajan en un landó.

La mañana del domingo 27, Alfonso y Victoria Eugenia viajan de incógnito a Madrid, entrando al palacio de Oriente por el Campo del Moro. El lunes, 28 de mayo, llegan al palacio de El Pardo, donde reciben a una comisión de la Diputación Provincial de Madrid. También llega una comisión catalana que traen unos presentes a la princesa: una diadema de brillantes valorada en 24.000 duros y un álbum que contiene acuarelas de prestigiosos artistas de Barcelona. Ese mismo día, con motivo de la llegada de Victoria Eugenia a Madrid, el Real Automóvil Club organiza de forma extraoficial una caravana automovilística, auténtica metáfora de la modernidad, entre Madrid y El Pardo. Hay que hacer constar que en 1906 hay pocos automóviles en España. La matriculación de vehículos comenzó en 1900, y oficialmente, a finales de 1905, están matriculados solo 268 automóviles, pero es cierto que algunos circulan sin matrícula, pues hasta el año 1907 no se matriculan los primeros vehículos en Madrid o Barcelona.
Con motivo de la Real Boda, el Ayuntamiento de Madrid publica un extenso Bando, del que reproduzco algunas notas informativas: “En los kioscos del servicio de Policía urbana, establecidos en la Puerta del Sol, estación del Norte y servicio de carruajes de la del Mediodía, encontrará el público todos cuantos auxilios necesite referentes a hospedaje, precios de carruajes, extravío de niños y de objetos, etc. En las calles que debe recorrer la comitiva regia el día 31, se suspenderá la circulación de tranvías desde las nueve de la mañana hasta que aquélla haya pasado. Los coches de los invitados a la ceremonia de los desposorios en la iglesia de los Jerónimos, palatinos y del Cuerpo diplomático, provistos de pases expedidos por la alcaldía, deberán seguir el siguiente itinerario: Por los bulevares al paseo de coches del Retiro, hasta la Casa de Fieras, calle de Venezuela, Plaza de Honduras, Paseo del Perú, Paseo alto del Parterre, para cruzar la Chopera y salir por la puerta de Murillo a la calle de Alfonso XII, Espalter y Moret, a apear en la iglesia de San Jerónimo por la puerta de la sacristía, y esperar con los coches en las calles de Alberto Bosch y Casado del Alisal. El regreso al Real Palacio se hará por el mismo itinerario. En la mañana del día 31, y hasta que se presente a la vista la sección de la Guardia civil montada que ha de abrir el paso de la Regia comitiva, los carruajes pueden atravesar y cortar la carrera que ha de seguir la comitiva oficial en todo el trayecto, por las siguientes calles: Postigo de San Martin á Bordadores y Siete de Julio; Peligros a Sevilla y Príncipe; Barquillo a Marqués de Cubas y San Agustín; Cibeles a Prado, Plaza de Cánovas y Paseo de Trajineros. El tránsito de personas durante el mismo tiempo se permitirá, pero sólo precisamente a la altura de las vías transversales, y al único efecto de pasar de una a otra calle. En la mañana del día 31, y durante todos los festejos que exijan la suspensión del servicio de tranvías, las Compañías cortarán la corriente de fluido eléctrico por los cables aéreos, al objeto de evitar peligros y desgracias por el contacto”.

Curiosamente, un fragmento de escrito anónimo sobre los días previos al regio enlace matrimonial recoge que: “…los que entienden el lenguaje de las flores y la charla de los pájaros, y el murmurar de las aguas en fuentes y arroyos, me han facilitado el programa de las fiestas con que la madre Naturaleza ha de solemnizar la boda del Rey de España. Sé, por consiguiente, de buena tinta, que el sol destrenza su cabellera de oro, mientras sus sirvientes le bruñen y acicalan su carroza, para contemplar desde lo más alto de su carrera el cortejo nupcial. […] Los árboles han tejido verdes palios de hojas lozanas y temblorosas; los setos se han engalanado con rosas de suave perfume, y los campos, aunque humildes, han extendido a las plantas de los Reyes tupida alfombra, en que silvestres florecillas forman complicados y hermosos dibujos”.
LA REAL BODA
En la madrileña Basílica de San Jerónimo el Real tiene lugar la boda entre el rey Alfonso XIII y la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, sobrina del rey Eduardo VII del Reino Unido (1841 – 1910). La ceremonia es oficiada por el cardenal Ciriaco Sancha Hervás (1833 – 1909), arzobispo de Toledo, primado de España y Patriarca de las Indias Occidentales. Los padrinos son la reina madre y el cuñado del rey, el infante Carlos de Borbón-Dos Sicilias (1870 – 1949). El acto es inscrito en el Registro del Estado Civil de la Familia Real y en él se especifica que el enlace ha sido comunicado por el rey a las Cortes y que la princesa Victoria cuenta con el permiso de su tío, Eduardo VII. Según expone la propia Victoria Eugenia “El vestido de novia me lo regaló el rey, según la costumbre española. Era blanco, todo de encaje. Como todas las novias. Solamente que el mío era enorme, larguísimo”.
También la infanta Beatriz (1909-2002), hija de Alfonso y Victoria Eugenia, referirá con posterioridad que “Yo sé que mis padres fueron muy felices al principio de su matrimonio y durante varios años. Mi padre se casó enamorado de mi madre, no como sucede en ciertos matrimonios reales, por no decir en casi todos”.

EL ATENTADO
Después de la ceremonia, pasadas las 2 de la tarde, cuando el cortejo que va integrado por 19 carrozas reales y 22 correspondientes a los Grandes de España se dirige hacia el Palacio Real para el banquete, a la altura del número 88 de la calle Mayor, hoy, nº 84, el anarquista Mateo Morral Roca (1879 – 1906) arroja desde el balcón de una pensión situada en el cuarto piso, una bomba camuflada en un ramo de flores. El escritor Pío Baroja (1872 – 1956), escribe en su novela “La dama errante” (1908), que un día antes del atentado el joven terrorista ensaya lanzando naranjas a la calle desde su balcón.
La bomba no alcanza al carruaje de los reyes, pues tropieza en su caída con la catenaria del tranvía y se desvía hacia la multitud que contempla el paso del cortejo, explotando al tocar el suelo y matando a 24 personas, además de herir a 107. La reina Victoria Eugenia, recuerda: “Sólo fue al final de la calle cuando me arrojaron flores. Mi marido me dijo que había prohibido que echaran flores, pero que ya no había peligro. No tuve ni tiempo de preguntar ¿qué peligro?, cuando ocurrió. Les puedo asegurar que no fue agradable bajar y ver toda aquella sangre. Vi a un pobre soldado con las piernas así (dibuja una equis con sus dedos) ¡Qué horror! Otro que puede ver estaba completamente destrozado”.

El periódico “El Imparcial” detalla en su crónica el escenario: “un soldado sin pies, con el pecho hendido, con las piernas laceradas. Un palafrenero convertido en un montón de carne sangrienta, chamuscado por el soplo terrible de la bomba. Un guardia con la cabeza deshecha y los adoquines de la calle por los que corrían hilillos de sangre y que manchaba el estribo de la carroza real, los trajes y las paredes. Los caballos de tiro, ametrallados en el vientre, cubiertos de heridas, con los ojos llenos de vértigo”.
El fastuoso vestido de la novia se mancha de sangre y Mateo Morral consigue huir. Aprovechando la confusión generada en la calle, sale del hostal y se pierde entre la muchedumbre buscando refugio en la redacción del diario “El motín” donde su director, José Nakens Pérez (1841 – 1926), reconocido anarquista, le da alojamiento en la casa de un tipógrafo de su imprenta. Dos días después, el sábado, 2 de junio, Mateo Morral es identificado y detenido en el Ventorro de los Jaraíces (Torrejón de Ardoz, Madrid), por Fructuoso Vega, guardia jurado de la finca de Aldovea. El informe judicial dice que Morral sacó su pistola Browning y mató de un tiro a Fructuoso para, a continuación, suicidarse de un disparo en el pecho. De nuevo, Pío Baroja, nos dice en su obra citada que “Después de cometido el atentado y encontrado a Morral muerto cerca de Torrejón de Ardoz, quise ir al hospital del Buen Suceso a ver su cadáver; pero no me dejaron pasar. En cambio, mi hermano Ricardo pasó e hizo un dibujo y luego un aguafuerte del anarquista en la cripta del Buen Suceso. Mi hermano se había acercado al médico militar que estaba de guardia a solicitar el paso, y le vio leyendo una novela mía, también de anarquistas, Aurora Roja. Hablaron los dos con este motivo, y el médico le acompañó a ver a Mateo Morral muerto”.

Colofón
En 1908, el Ayuntamiento de Madrid inaugura en el lugar del atentado un monumento conmemorativo promovido por la duquesa de la Conquista (María de la Natividad Quindós y Villarroel (1861 – 1953), Camarera Mayor de la Reina Madre. El monumento es costeado por suscripción popular y realizado por el escultor Aniceto Marinas García (1866 – 1953), según un proyecto del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas (1845 – 1922). Está formado por un grupo de 3 columnas en representación del pueblo, el ejército y la aristocracia, y una imagen de la Virgen del Amor Hermoso. La base está ocupada por varias lápidas con los nombres de los fallecidos y la figura de un ángel custodio. El monumento es desmantelado durante la Segunda República, momento en el que el Ayuntamiento de Madrid cambia el nombre de la calle Mayor por el de calle de Mateo Morral. Años después, en 1963, un nuevo monumento a las víctimas del atentado, obra del escultor Federico Coullaut-Valera Mendigutia (1912 – 1989), se instala en el mismo lugar, en la calle Mayor, delante de la Iglesia Arzobispal Castrense y frente a Casa Ciriaco, que representa un monolito y un ángel.
Una curiosidad: en el balcón de la madrileña calle Mayor desde el que Mateo Morral arrojó la bomba, siempre hay un ramo de flores.





