MIEDO

125 milisegundos es el tiempo que tarda nuestro cerebro en decidir si un estímulo es amenazante para la supervivencia y en preparar el cuerpo para luchar o huir.
125 milisegundos durante los cuales se activan automáticamente una serie de respuestas fisiológicas y psicológicas cuya función es ponernos a salvo y a las que, en su conjunto, hemos llamado MIEDO.
El miedo, al igual que las demás emociones, es siempre reactiva, disparada por diversas claves contextuales que se han ido condicionando a lo largo de la evolución de la especie y, a nivel individual, a través de nuestra educación social, familiar y nuestras experiencias vitales. Es de corta duración y no se puede evitar ni controlar….si, es cierto…no es muy agradable.
Sin embargo, la actitud que tengamos ante ella y lo que hagamos una vez que aparece es lo que puede marcar la diferencia.
Los animales sienten miedo ante una situación determinada y resuelven (luchan o huyen), los animales racionales lo sentimos y lo pensamos, y lo repensamos y lo volvemos a pensar, lo analizamos, lo recordamos y también lo anticipamos, y además lo juzgamos porque, en la mayoría de las culturas, le damos connotaciones negativas y no nos gusta sentirnos a merced de el.
Somos la única especie que tiene miedo al miedo, y ahí se complica todo. Nuestra capacidad verbal nos ha hecho evolucionar asombrosamente pero al mismo tiempo nos mete en la trampa del sufrimiento mental.
ACEPTA, VALORA, ACTÚA
A veces, los psicólogos, hablamos de “abrazar” las emociones y pensamientos desagradables y nos referimos a abandonar la lucha contra ellos cuando aparezcan. Se trata de aprender a “observarlos” sin intervenir, sin intentar angustiosamente que desaparezcan y a su vez, evitando dejarnos arrastrar por ellos. Es decir, se trataría de conectar con ellos, ACEPTAR que están ahí, y seguir haciendo lo que para nosotros sea importante hacer en ese momento, a pesar de ellos.
Al igual que nos levantamos por las mañanas aunque a veces no nos apetezca, o somos capaces de trabajar con un compañero aunque estemos enfadados con él o nos sacamos el carnet de conducir aunque nos de miedo o somos capaces de animar a alguien aunque nosotros mismos estemos tristes, o insistimos en prestar atención a aquello que estemos haciendo aunque nuestra mente quiera sacarnos una y otra vez de ahí trayéndonos preocupaciones…al igual, en Estado de Alarma, la mayoría nos quedamos en casa aunque nos aburramos, nos frustremos o nos angustiemos y evitamos hacer acopio de mascarillas, guantes y demás material sanitario, comprar cantidades ingentes de víveres o hacer circular información sin contrastar aunque sintamos miedo e incertidumbre.
Sólo hay que hacerse una pregunta:
¿Qué tipo de persona quiero ser en la vida más allá de esto que estoy sintiendo?
y seguidamente ACTUAR intentando avanzar en dirección a mis VALORES.
Esto no siempre es fácil, la constancia y el entrenamiento en mindfulness y otros tipos de meditaciones más complejas nos pueden ayudar enormemente en este proceso.
El regalo que nos haremos: una vida con SIGNIFICADO.
De cara a protegerte psicológicamente durante esta experiencia:
María Robles,
Psicóloga Clínica y Co-directora en Essentia Psicología y Bienestar