✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 12 de julio de 2026
En el CXLII aniversario del nacimiento del pintor y escultor Amedeo Modigliani

Foto de los padres de Amedeo Modigliani.
Hoy domingo, 12 de julio, festividad de San Jasón (siglo I), uno de los Setenta Discípulos de Cristo conocido por hospedar a San Pablo y San Silas en Tesalónica y, posteriormente, predicar el Evangelio, en la que ya es vigésimo octava semana de 2026, se cumplen 142 años (sábado, 1884) del nacimiento en la ciudad cosmopolita de Livorno (Toscana, Italia) del pintor y escultor Amedeo Modigliani, apodado “Dedo”: “el artista que bebía belleza y escupía dolor”, que destaca por la elegancia y simplicidad de sus retratos y desnudos femeninos.
Amedeo es un nombre que proviene del latín y significa “amar a Dios”. La vida de Amedeo corresponde fielmente al patrón tópico del artista de principios del siglo XX, tal como lo ha imaginado siempre el gran público: bohemio, pobre, incomprendido y, al final, la enfermedad y la muerte en un mísero hospital. Para Nancy Ireson, Historiadora del Arte -1999-, Subdirectora de Colecciones y Exposiciones y curadora principal de la familia Gund en la prestigiosa “Fundación Barnes” en Filadelfia, Pensilvania, EEUU, “Los desnudos son, quizá, sus obras más conocidas y provocadoras. En sus lienzos el artista hizo uso de nuevas e impactantes composiciones que modernizaron la pintura de desnudos”

Amedeo fotografiado por Marc Vaux.
Breves Notas Biográficas
Cuarto hijo la familia judía sefardí formada por Flaminio Modigliani (1840 – 1928), comerciante de origen romano y Eugénie Garsin (1855 – 1927), mujer progresista que va a ejercer una poderosa influencia en Amedeo. Sus hermanos mayores son Emmanuele, 13 años mayor que él, Margherita, futura diputada socialista y tía adoptiva de la hija de Amadeo, y Umberto, ingeniero que estudio en la famosa Ecole des Mines de París.
Su padre es un empresario con un historial de dificultades financieras y quiebras que le generan largas ausencias del hogar familiar. “Dedo” es criado por su madre y su abuelo materno, Isaac, caballero erudito y aristocrático que sufre de neurosis. Su tío materno, Amedeo Garsin, hombre ingenioso y bien educado, envía dinero regularmente para ayudar con los gastos de la casa. También paga la educación de su sobrino en Venecia.

Modigliani, Picasso y André Salmon frente al Café de la Rotonde, Montparnasse, en 1916,
En su infancia se siente atraído por el arte, y lo estudia en la Academia de Livorno.
Con 11 años (1895) sufre un ataque de pleuresía, y 3 años después (1898) en la adolescencia, tuberculosis, que lo obligan a convalecer en reposo, impulsando su afición por la pintura y el dibujo.
Muy joven, comienza a estudiar en Florencia bajo la dirección del colectivo cercano al impresionismo de los “Macchiaioli”, impregnando sus ojos de arte clásico renacentista que luego saldrá renovado de sus manos. Dos años más tarde se matricula en la “Accademia di Belle Arti” (Escuela Libre de Nudo). Posteriormente estudia en la Academia de Bellas Artes de Venecia, con noches de parranda y bajos fondos cuando sólo tiene 20 años.

Jeanne Hëbuterne.
Amedeo llega a París en el otoño de 1906, con 22 años de edad. Ambicioso, buen mozo y carismático, evita los barrios caros y prestigiosos como el Barrio Latino, y se instala en Montmartre. Con una pequeña herencia y dinero de su madre, recala en un hotel, pero rápidamente despilfarra sus ahorros y se muda a una cabaña de madera en el páramo entre la “Rue Caulaincourt” y el “Moulin d’ la Galette”. El sitio, antaño un área de construcción para los trabajadores que preparaban la Exposición Universal de París de 1900, es ahora un refugio para ladrones de poca monta y miembros marginales de la sociedad que desean evitar el bullicio y el ambiente urbano cambiante. También es el hogar de una nueva camada de artistas: escritores y músicos, como el poeta, dramaturgo, teórico y crítico de arte Guillaume Apollinaire (1880 – 1918), el compositor y pianista Erik Satie (1866 – 1925), el poeta y crítico André Salmon (1881 – 1969) y la rica que los mantiene a todos: la novelista, poeta, dramaturga y coleccionista de arte estadounidense de origen judío, Gertrude Stein (1874 – 1946) atormentan sus cafés, mientras que el pintor y escultor Pablo Ruiz Picasso (1881 – 1973) y el pintor y escultor, iniciador del “cubismo” Georges Braque (1882 – 1963) están en un destartalado edificio llamado “Le Bateau-Lavoir”, justo debajo del “Place du Tertre”.

Desnudo acostado. Modigliani.
Con el tiempo, el crítico de arte André Salmon escribe “La apasionada vida de Modigliani” (1957), su biografía: “Modigliani llevaba poco tiempo en París, pero en una sola tarde había visto y estudiado todo lo que se exponía en las galerías Georges Petit, Durand-Ruel, Vollard y Clovis Sagot. Aunque nunca dijo qué pensaba de todo aquello… Todavía no era un gran bebedor, pero sintió que necesitaba un vasito de tinto para reflexionar sobre cosas tan complejas. Le obsesionaba un cuervo de Picasso. Era como si aquel cuervo le picoteara la cabeza… Modigliani había visto una vez a Picasso, de lejos, en las inmediaciones de la place de Clichy” (…) No era gran hablador pero se sabía de memoria La Divina Comedia y la recitaba en los momentos más inesperados. Bebía caudalosamente y también trabajaba como un poseso. Era irresistible para las mujeres y sin embargo las abandonaba y maltrataba a la menor ocasión”.

Desnudo sentado en un diván. 1917.
Amedeo es conocido por su excelente habilidad como dibujante, pero las historias sobre sus excesos florecen. Se está convirtiendo rápidamente en un bohemio rebelde. Se le ve tambaleándose borracho de un lugar a otro con Maurice Utrillo (1883 – 1955), otro artista que reside en Montmartre. Cambia dibujos por un vaso de vino o una comida. Da dibujos a sus amigos y conocidos que no los conservan, entrega pinturas como pago de alquiler, y tiene una tendencia, a menos que lo detengan, de quitarse la ropa cuando está borracho.
Poco después de que su primer mecenas, el médico y coleccionista Paul Alexandre (1881 – 1968), marche movilizado al frente en 1914, conoce a través del escritor y poeta Max Jacob (1876 – 1944), a un joven marchante, Paul Guillaume (1891 – 1934), que se convierte en su galerista. Declarados no aptos para el ejército por motivos de salud, Modigliani y Paul Guillaume no participan en la Primera Guerra Mundial. Permanecen en París y frecuentan círculos sociales comunes.

La Bambina in azzurro. Modigliani.
Amedeo es un seductor nato, con relaciones tormentosas con la escritora británica Beatrice Hastings (Emily Alice Haigh, 1879 – 1943), su primer amor serio, o amores adúlteros con la poetisa tártara Anna Ajmátova (1889 – 1966), a quien conoce en su luna de miel con el poeta ruso Nikolái Gumiliov (1886 – 1921).
Tras un tiempo de reposo en Livorno, regresa a París para vivir al otro lado del Sena, en el “falansterio”, comunidad autónoma de producción y consumo para artistas de “La Rouche”, en Montparnasse. Aquí pasa de la pintura a la escultura tras irse a vivir con el escultor, pintor y fotógrafo rumano Constantin Brancusi (1876 – 1957), con quien estudia las formas primordiales del arte africano -los cuellos de la mujer jirafa- y los mezcla con las formas primigenias del arte cicládico en la órbita cretense. Quiere liberar a la escultura del efecto de Auguste Rodin (1840 – 1917) y regresar de forma moderna a la escultura tal cual la practicaban los griegos: en bloque, a cincel. Pero sus pulmones no resisten tanto polvo y tiene que abandonar la escultura.

Mujer de ojos azules. 1918.
Al consumir alcohol y drogas, vivir por encima de sus posibilidades y rehusarse a trabajar de nada que no fuera su arte, el descenso de Amedeo a la pobreza era inevitable. Sus amigos comenzaron a llamarlo “Modi”, un juego de palabras con la palabra francesa “maudit”, que significa “maldito”.
En 1916, con el apoyo de un nuevo marchante, el poeta polaco Léopold Zborowski (1889 – 1932), Amedeo vuelve a pintar desnudos femeninos cuando las resacas se lo permiten. Amedeo es un verdadero artista callejero. Dibuja constantemente, pero también bebe absenta, el dulce licor verde esmeralda conocido como la “fée verte” (el hada verde), con un grado de alcohol del 90 % y que era muy popular desde 1870. El gusto amargo y parecido al regaliz y sus supuestos efectos de “euforia sin borrachera” son causados por la mezcla de ajenjo, una planta utilizada por sus propiedades medicinales desde 3 mil años A.C., con alcohol. El aceite extraído del ajenjo contiene el narcótico “thujone”, el cual se sabe que causa problemas nerviosos y locura.

Retratos – Modigliani.
Ese verano, la escultora de cabecera del sionista David Ben Gurion (1886 – 1973), Jana Orloff (1888 – 1968), deja el kibuttz para estudiar en París y le presenta a la joven modelo y pintora Jeanne Hébuterne (1898 – 1920), una estudiante de 18 años con la que mantiene una relación tormentosa y que le da una hija, Jeanne, Giovanna, para Amedeo, futura historiadora de arte y participante activa en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial (1918 – 1984).
En diciembre de 1917 realiza su primera exposición individual en la parisina “Galería Berthe Weill”, sita en el 25 rue Victor-Massé del barrio de Pigalle, pero es clausurada a las pocas horas por la policía por “escándalo público”. Es acusado de “obscenidad y pornografía” al exponer retratos de mujeres de cuello infinito, cuerpos de líneas suaves y ojos vacíos y mostrando el vello púbico.
Durante los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, mientras París sufre incursiones aéreas y la salud de Amedeo se deteriora, Léopold Zborowski le envía a Niza, a la Costa Azul. Aquí crea algunas de sus obras más importantes, pintando retratos de niños, sirvientes y otros lugareños anónimos, e iniciándose, incluso, en los paisajes. Amedeo recibe de Zborowski 10 francos diarios, pero las pinturas son todas de Léopold.

Subasta en 2013 de su obra Jean Hébuterne con sombrero, retrato de la también pintora que fue su gran amor y madre de su hija.
Según Jean Cocteau (1889 – 1963), poeta, dramaturgo, escritor, crítico de arte, ensayista, pintor, director de cine y diseñador, amigo de Amedeo,“Solía regalar sus dibujos como si fuera una pitonisa gitana. Se los daba a todo el mundo, y eso explica que, aunque pintó más de 50 retratos míos, yo solo tengo uno”.
La salud de Amedeo en 1919 se consume. Y Jeanne vuelve a estar en cinta. El crítico de arte Adré Salmón refiere, “Pero, ¿de qué moría aquel enfermo terriblemente deteriorado por el alcohol y el hachís, extenuado además por demasiadas comidas miserables, por demasiadas incomodidades y también por terribles violencias del espíritu, desde las horas de cruel meditación hasta los instantes de cólera salvaje? Por tuberculosis y meningitis”.
Amedeo fallece el 24 de enero de 1920, con 37 años de edad. Los padres de Jeanne se la llevan a casa y por la noche, en pleno duelo por su marido, escucha los planes que sus padres tienen para ella, su hija y el feto que crece en su vientre. Desesperada e incapaz de asumir su futuro, se tira por la ventana de un quinto piso y muere. Al día siguiente, su amigo, el pintor Moise Kissling (1891 – 1953), hace una colecta entre los amigos, colegas y conocidos y organiza un enorme funeral para Amedeo, a quien despide París entero en el cementerio “Pere Lachaise”. Al funeral de Jeanne, enterrada en secreto por sus padres en el cementerio de Bagneux no va nadie.
La familia italiana se presenta en París y se lleva con ellos a Livorno, la hija del hospicio. Una década después, Giuseppe Emanuele Modigliani (1872 – 1947), hermano mayor y un destacado político antifascista, convence a la familia Hébuterne para trasladar los restos de su hija a una tumba contigua a la de Amedeo. Desde 1930 descansan juntos bajo el epitafio: “Compañera devota hasta el sacrificio extremo”.

Tumba de Amedeo Modigliani y de Jeanne Heb
Colofón
En 2010, la “Casa Christie´s” subasta una escultura de Amedeo en 43 millones de euros. En noviembre de 2015, un multimillonario chino compra un óleo suyo por 170.4 millones de dólares: la segunda obra más cara del mundo, sólo superada por los 179 millones de un Picasso.
Amedeo Modigliani hoy es conocido como el pintor que pintó más estando muerto que estando vivo: a tal grado llega el número de imitaciones y falsificaciones de su obra.