✍Kiko Rodríguez/Opinión.-
Cita ineludible que los motrileños debemos apuntarnos en el calendario…

Llegaba el crepúsculo de este pasado sábado con la entrega y rigor que los hermanos de la Vera Cruz brindan a lo bien hecho, al decoro, seriedad y al sentido que saben darle a todo lo que realizan. Otra página que pueden repujar «en plata y oro» para el libro de vivencias que nos dejarán como legado para la historia.
La protestación de fe, esa declaración pública y solemne que las gentes de Vera Cruz, Valle y la ciudad han derramado sobre las calles, es un rosario de plegarias en recuerdo de los difuntos y la súplica por el eterno descanso de todas las almas. Cita ineludible que los motrileños debemos apuntarnos en el calendario.
Con rigurosa puntualidad, las seis y cuarto de la tarde, se abría la «Puerta del Perdón» de la Iglesia Mayor Parroquial de la Encarnación, Insigne Colegiata de la Ciudad. Su dintel disfrutaba viendo pasar la Cruz de Manguilla que estrenara la corporación este año, y como nos traía reminiscencias añejas de aquel Cristo de la Expiración que bien supo recrear el granadino Jorge Marín; la insignia se muestra flanqueada por dos serios ciriales repujados por el bueno de Alberto Quirós.
Un reguero de hermanos de luz formaban el cortejo decoroso, bien formado y mandado por sus fiscales; cerraba el tramo la presidencia de la Cofradía como antesala de la presencia de la titular mariológica. Delante de Ella, el protocolario cuerpo de ceroferarios y turiferarios.
Este año, para mayor emotividad y recreación apropiada de aquel momento, la corporación ha tenido a bien acompañar la imagen mariológica con la de San Juan Evangelista. «Mujer, he ahí a tu hijo, murmuró Jesús a su Madre desde la cruz. He ahí a tu madre, le dijo a Juan» . Por eso dice la escritura: “la recibió en su casa”. Juan se quedó a cargo de María, para honrarla, servirla y cuidarla.
El habitual y riguroso cuerpo de capataces de la Hermandad, nos mostraban la mesa y respiraderos del paso más refinado de la Ciudad, como es el que porta al Dulce Nombre el Domingo de Resurrección; sobre el mismo, una bella estampa en recreación de aquel quinto dolor: La Virgen del Valle consolada por San Juan Evangelista. Dos candelabros de guardabrisa. Un cuerpo de candeleros. Dos jarras y centros florales realizados por Antonio Ruiz y dos serios faroles de cola, conforman el atrezo del paso. Tras el mismo, el cuerpo de metales y percusión de la Asociación Musical Granamusic, con la buena calidad que atesoran y a la que nos tienen acostumbrados en pregones y vía crucis.
Y es que hasta la remozada «Puerta de Granada» pareciera que daba la bienvenida al cortejo y los abrazara como si de una nueva «consagración y acción de gracias» se tratara, tras haber terminado las obras en una calle tan cofrade. La Virgen del Valle, ha sido la primera imagen sagrada en pasar oficialmente por Puerta de Granada. Lo hacía de manera luctuosa bajo los sones que Errico Petrella, allá por el 1858, escribiera para su opera: Ione. Continuaba el cortejo por Rambla del Manjón… sonaba Amarguras.
La estampa que la vieja judería nos tiene guardada para dejarla en nuestras retinas, siempre se da en Señor de Junes. Motrileños, devotos y visitantes se dan cita en el histórico enclave para disfrutar de esos sabores y sonidos que «el nazareno de la pared» y su barrio, ofrecen. Sonaba la marcha «La sangre y la Gloria», de Alfonso Lozano, hasta bien entrada en Calle Ruiz.
A buen seguro que Ella, el Valle, pasaba las páginas de la carpeta de partituras para que a los que nos gustan los detalles, tuviésemos otro para guardar. La Virgen del Valle entraba en San Agustín bajo los sones de la marcha «Santísimo Cristo del desamparo y abandono» obra de Francisco Herrera de 1995. Esta obra es la sintonía sobre la que descansa el «himno aflamencado» que un coro rociero le ofrece al Cristo de la Salud todos los Miércoles Santo. Otro detalle: en Plaza Jardinillos se acometía «Virgen del Valle», sus sones llegaban a la hornacina y calle que lleva su nombre. Seguía la comitiva por Emilio Moré, Catalanes, San Rafael…

Un año más, el cortejo llegaba a la Iglesia de la Encarnación habiendo cumplido la cita con este Rosario de Ánimas y Difuntos que vienen realizando desde 2021. La sagrada titular llegaba a su casa sobre las ocho de la tarde bajo los sones de «Virgen del Darro», marcha del alicantino Rubén Jordán. Acto seguido comenzaría la misa en la Insigne Colegiata de Motril.
El itinerario completo: Iglesia Mayor Parroquial de la Encarnación, Puerta de Granada, Rambla del Manjón, Señor de Junes, Ruiz, Agustinos, Zapateros, Jardinillos, Virgen del Valle, Emilio Moré, Catalanes, San Rafael, Trinidad y regreso a su Templo. Como comentario generalizado: «supo a poco», tres o cuatro calles más en su Discurrir, vendrían muy bien.
Las obras que se interpretaron a lo largo del itinerario fueron: Amarguras, Ave María, Cristo del Amor, Ione, La Madrugá, Madre tu dulce nombre, Mariúpol, Mayor dolor, Reina de San Román, Stmo. Cristo del desamparo y abandono, Virgen del Valle, Virgen del Darro, Agnus Dei, Anima Christie, Bajo la Cruz, Cerca de ti Señor, La Sangre y la Gloria.