LA CARRERA DEL GALGO

Cabría imaginar que nuestros hijos van teniendo más o menos claro en qué quieren trabajar después de haber terminado los estudios. Obviando que muchos de ellos cambian de profesión a lo largo de su vida académica según las circunstancias y preferencias de los amigos de turno, lo cierto es que hay oficios por los que se decantan con más asiduidad. Hay otros, en cambio, que ven su futuro laboral tan lejano y extraño como el profundo abismo del más grande de los océanos, un océano de dudas que se arremolinan en sus cabezas para darles más de un quebradero. Algunas veces ese futuro laboral les importa simplemente una mierda; los estudios no sirven para nada, o sueñan con trabajar en algún oficio que les de beneficios rápidos (léase tipo tronista de Hombres, mujeres y viceversa o tertuliano de Sálvame) o simplemente no dan para más, son incapaces de seguir el hilo en una lectura más o menos fácil, se pierden en mundos que se escapan a nuestra comprensión y, por mucho que se esfuerzan y lo intentan, no pueden retener en la memoria unos conocimientos por muy exiguos que sean.
Los padres también tenemos gran parte de culpa a la hora de la elección por parte de nuestros hijos del que será su medio de vida. Directa o indirectamente, conscientes o no, los padres influyen sobremanera en los estudios de los hijos. No es de extrañar que de unos padres médicos salgan hijos médicos; lo mismo pasa con abogados, psicólogos y un largo etcétera. En estos casos el hijo se empapa de lo que ve en sus progenitores, les admira y, como es algo a lo que están acostumbrados por observarlo todos los días en casa, parece hasta natural que se decanten por lo que ya conocen y reconocen. En otros tantos, es el papá o la mamá quienes sibilinamente y con alevosía, van inculcando a sus retoños el amor por una profesión que, a lo peor, no es del todo de su agrado. Ahí vendrán los conflictos y lo más seguro es que nuestro vástago termine por estudiar la carrera del galgo: ninguna. Hay que tener cuidado con las pretensiones y anhelos particulares de los padres que, en la mayoría de los casos, no se corresponden con los de los hijos. Además, nos podemos encontrar con aquel padre que, aún no teniendo estudios, se empeña en que su prole (o al menos alguno de ellos) se saque una carrera universitaria para fardar delante de la familia y amigos y, de paso, sentir el orgullo de quien ha engendrado semejante inteligencia.
Pero hoy en día las cosas no están tan claras como se suponían. Las carreras universitarias de toda la vida están perdiendo adeptos en las aulas en pro de otras que vienen pisando fuerte y que dejarían a más de uno con la boca abierta. Parece ser que nuestros hijos (aquellos que sí querían estudiar y labrarse un porvenir digno) están desencantados con el mercado laboral, no ven salida después de tantísimos años de estudio y sacrificio y optan por otros caminos menos, mucho menos convencionales. Partiendo de que es muy difícil encontrar el equilibrio entre interés y salida laboral, en este artículo les mostraré cuáles son las carreras universitarias más raras del mundo. Tomen nota.
Si nos detenemos a pensar detenidamente en las carreras universitarias que acabamos de mencionar, nos daremos cuenta enseguida de que quizás no sean las soñadas por los padres, pero sopesándolo bien en frío caeremos en el pensamiento de que más valen esas cosas raras que le ha dado por estudiar al niño, a tenerlo tumbado todo el santo día en el sofá murmurando palabras ininteligibles mientras quema las yemas de los dedos jugando a la Play Station.