✍Antonio Gómez Romera
Domingo, 18 de octubre de 2026
En el CCII aniversario del nacimiento del escritor, diplomático y político Juan de Valera y Alcalá-Galiano

Hoy domingo, 18 de octubre, festividad de San Lucas Evangelista, fiel discípulo y compañero de viaje del apóstol San Pablo, autor del tercer Evangelio y del libro de los
Hechos de los Apóstoles, además de Patrono de los médicos, cirujanos, artistas, pintores y escultores, en la que ya es cuadragésima segunda semana de 2026, se cumplen 202 años (lunes, 1824), del nacimiento en la villa de Cabra (Córdoba), en el número 2 de la calle San Martín, del escritor, diplomático y político Juan de Valera y Alcalá-Galiano, autor de la célebre novela “Pepita Jiménez” (1874), convertida en ópera por el gran compositor y pianista Isaac Albéniz (Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual, 1860 – 1909).

Breves Notas Biográficas
Hijo de José Valera y Viaña (1783 – 1859), oficial de la Marina -Capitán de Fragata- ya retirado (1822) que fue perseguido por sus ideas liberales, y de Dolores Alcalá-Galiano y Pareja (1791 – 1872), marquesa de la Paniega. Se trata de una familia distinguida, mas no sobrada de hacienda y numerario. El recién nacido es bautizado con el nombre de Juan Bautista José Lucas María de la Soledad, en la Iglesia de la Asunción y Ángeles por el Cura Teniente de la parroquia, don Juan Ramírez de Zúñiga, y madrina es su abuela paterna, María Josefa Viaña Sánchez de Sanz. Tiene un hermanastro, José Freuller y Alcalá-Galiano (1815 – 1901), y dos hermanas, Sofía (1828 – 1890) y Ramona (1830 – 1867).

En Cabra, el 8 de mayo de 1826, es confirmado en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán por el obispo Pedro Antonio de Trevilla (1755 – 1832), junto con otros 375 niños y 373 niñas. Los padrinos de confirmación son los esposos don Fernando Zejalbo de Pareja Sotomayor, Caballero veinticuatro y Maestrante de Granada y doña María Josefa Beltrán de Caso y Enríquez de Herrera.
El matrimonio de sus padres adquiere como “bienes gananciales” las pobres tierras de los Balachares en Baena y dos casas en Doña Mencía, una en la calle Llana y otra en la calleja de Las Peñuelas. Por su parte, su abuelo materno, don Juan de Alcalá-Galiano Flores y Calderón (1695 – 1769), primer Marqués de la Paniega, Gobernador de Baena y Alcaide del castillo de Doña Mencía, adquiere el Patronazgo de la Capilla de Jesús Nazareno en la iglesia dominica de Doña Mencía.

En otro orden de cosas, su hermanastro José es hijo de Santiago Freuller Curtí (1775 – 1818) brigadier suizo al servicio de los Reales Ejércitos de España. Y, por lo que respecta a su hermana Sofía, tiene una gran inquietud cultural y está dotada de un extraordinario don para la pintura. Es amiga de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Sofía contraerá matrimonio en 1858 con Aimable Jean Jacques Pélissier (1794 – 1864), Duque de Malakoff y Mariscal de Francia. Mientras, su hermana Ramona, contrae matrimonio en 1846 con Alonso Mesía de la Cerda y Coello de Portugal (1830 – 1897) VII marqués de Caicedo. Tendrá 5 hijos y fallecerá con 39 años de edad.

Con nueve o diez años Juan deja de vivir entre Cabra y Doña Mecía. Desde entonces, solamente vuelve a “su lugar” expresión con la que llamaba indistintamente a Cabra o Doña Mencía muy de tarde en tarde y en fugaces visitas. Siempre que vuelve a “su lugar”, su estado de ánimo oscila entre la felicidad nostálgica de la infancia y el desagrado por la rusticidad de sus paisanos. Ésta, su primera salida que va del 1 de enero de 1835 al 30 de junio del mismo año, se debe a que su padre es nombrado Jefe Político de Córdoba, cargo con el que entonces eran conocidos los Gobernadores Civiles, periodo en que Juan vive en Córdoba. Posteriormente, la familia Valera Alcalá-Galiano marcha por breve tiempo a Madrid, y luego a Málaga al ser nombrado su padre (1837) Comandante del Tercio Naval de Málaga y, en 1841, director de Real Colegio Naval de San Telmo, ubicado éste en un edificio que todavía se conserva en la plaza de la Constitución y en la que hoy se ubica el Ateneo de Málaga.

Juan confiesa que “a los doce o trece años había leído a Voltaire y presumía de “sprit fort”, si bien me asustaba cuando estaba a oscuras y temía que me cogiese el diablo. El romanticismo, las leyendas de Zorrilla y todos los asombros, espectros, brujas y aparecidos de Shakespeare, Hoffman y Scott reñían en mi alma una ruda pelea con el volterianismo, los estudios clásicos y la afición a los héroes gentiles”.
Juan estudia Filosofía en el Seminario de Málaga entre 1837 y 1840, y después en el Colegio del Sacromonte de Granada (Leyes). Cursa el 2º año en la Universidad de Granada, y el 3º en la de Madrid. Obtiene el título de Bachiller en Jurisprudencia en 1844 y el de Licenciado, en 1846. Sobre sus estudios, dice Juan: “A decir verdad, nada aprendí nunca en la escuela, ni en el estudio, ni en la Universidad; todo lo que sé, que es bien poco, lo he aprendido conmigo mismo, sin orden, sin maestro y sin un fin determinado”.
Publica versos en el periódico malagueño “El Guadalhorce” y en la revista granadina “La Alhambra”.

En 1844 publica en Granada su primer libro de versos titulado “Ensayos poéticos”, con prólogo del catedrático José Jiménez Serrano (1821 – 1859). La impresión en casa de Benavides, sita en la calle Nueva del Milagro, números 5 y 7, es costeada por su padre “en premio de haberse graduado de bachiller”. Estudia la carrera diplomática y como Embajador de España tiene la oportunidad de conocer algunas de las principales ciudades y capitales de Europa y América: San Petersburgo, Lisboa. Rio de Janeiro, Nápoles, Washington, París y Viena.
El 5 de diciembre de 1867 contrae matrimonio en París (Francia) con la brasileña Dolores Delavart Areas (1845 – 1915), y dos años después, el 5 de enero de 1870, nace en Madrid su hijo Luís. Es director de periódico, diputado a Cortes, Secretario del Congreso y, al tiempo, se dedica a la literatura y a la ciencia literaria. Cultiva todos los géneros literarios: epistolar, periodístico, poesía, cuento, novela… etc. Sus obras completas alcanzan el medio centenar, entre ellas destacan sus novelas “Pepita Jiménez” (1874) y “Juanita la larga” (1895).
Miembro de la Real Academia Española desde 1862, Juan de Valera es uno de los españoles más cultos de su época. Destaca por ser un gran benefactor del Instituto de Cabra, al que presta ayuda en diversas ocasiones. En una de sus estancias en Doña Mencía, escribe Juan a su hermano (1859): “Leo, rabio, escribo cartas, porque no tengo ganas de escribir otra cosa y doy de vez en cuando grandes paseos por esos andurriales, que sólo pueden parecer bonitos a esta gente que tiene, en vez de la idea de la belleza, la idea de la utilidad en el alma. Mirada sin pasión esta tierra, aunque no tanto como La Mancha, es fea y árida; pero a mí me debe parecer preciosa, pues lo único que poseo en el mundo está en ella (…) Ayer estuve en Cabra, no a ver los toros, sino a ver a los parientes y la extraordinaria concurrencia que con ocasión de los toros ha habido allí. Parecía Cabra una corte, pero yo si hubiera de vivir siempre aquí preferiría, a Cabra, Doña Mencía (…) En este lugar tengo menos tiempo y reposo que en Madrid para ocuparme de “re litteraria”. Las visitas no me dejan. Aquí no es posible decir el señorito no recibe o no está en casa; por manera que desde las ocho de la mañana estoy de conversación, hablando siempre de olivos, viñas, granos y otras cosas por el estilo”.

En 1878, a sus 54 años, Juan de Valera publica un “sainete filosófico” ambientado en la Bizancio del siglo V: “Asclepigenia”, en el que la protagonista es una mujer culta, guapa, inteligente, seductora, independiente, liberal… y, a su alrededor, revolotean (como moscas) tres machos arquetípicos: Eumorfo (el guaperas), Crematurgo (el ricachón inmoral) y Proclo (el filósofo). Conclusión: el amor es la base de la vida, pero un amor en cuerpo y alma, físico y espiritual a un tiempo… sin amor a la vida, ni los individuos ni los pueblos pueden hacer nada de provecho. El quedar recluido en su piso madrileño de la Cuesta de Santo Domingo, por estar casi ciego y “flojísimo de piernas”, no le impide estar al día de las novedades políticas y literarias, pues hace que le lean los periódicos y revistas o nuevos libros, además de que en casa recibe a los amigos de siempre y a jóvenes literatos en busca de su rica y chispeante conversación.
Colofón
Madrid, 18 de abril de 1905. A los 80 años de edad, fallece Juan de Valera y Alcalá-Galiano. Un mes antes, escribe: “Muy leves son ya las esperanzas que me restan de componerme y de valer para algo. Lo probable es que los tres o cuatro libros que tengo empezados, a saber: Elisa la Malagueña, la Metafísica a la ligera y Meditaciones utópicas sobre la educación humana, se queden sin terminar y me lleve yo al otro mundo lo mucho que me falta aún por escribir, para que dichas obras queden completas…”.

Sus honras fúnebres, costeadas por el Estado según Real Decreto de 19 de abril de 1905, se convierten en un acontecimiento de gran relevancia institucional y cultural para España. Asisten destacadas personalidades de la política, la diplomacia y la Real Academia Española. Recibe sepultura en el madrileño Cementerio Sacramental de San Justo amortajado con el uniforme diplomático. Setenta años después, en abril de 1975, sus restos son exhumados y trasladados al Cementerio municipal San José de Cabra, donde es enterrado en el mausoleo de su tía Dolores, su inspiración para el personaje de “Pepita Jiménez”.



