La representación en el Ayuntamiento (5 concejales) nos convierte casi en marginales en cuanto a número y prácticamente desaparecidos en cuanto a posición política y alternativas presentadas.
Sabemos que existe una fuerte correlación entre ‘el pulso’ de la agrupación y los resultados electorales, sobre todo en las elecciones locales. El estado de la agrupación es de atonía total, encefalograma plano. El número de militantes ha caído a cotas inimaginables (de los 700 de hace poco tiempo, a los menos de 300 actuales), y la «militancia» se ha transformado en simple «afiliación».
El fundamental debate político se ha sustituido por simples tácticas y maniobras para conseguir el poder con el único propósito de perpetuarse en él.
La profunda división interna es cada vez más intensa y con continuos frentes nuevos, como consecuencia de la desmesurada ambición personal de algunos y de la política de camarillas que fomenta y premia el seguidismo acrítico y condena y excluye toda disidencia. No gusta ni la sana discrepancia ni la necesaria autocrítica.
Se ha pervertido la democracia interna mediante el control interesado del censo de militantes, a fin de asegurarse las mayorías necesarias para mantenerse en «el mando», provocando de esta forma la desafección de muchos militantes y la huida de un considerable número de personas inquietas y progresistas, con intención de militar o colaborar con el partido.
En definitiva, la agrupación socialista motrileña, hoy por hoy, ha dejado de ser la herramienta necesaria de las clases progresistas para conseguir un Motril más desarrollado, justo y solidario, desde la perspectiva del socialismo democrático.
Es necesaria una profunda renovación de dirigentes, de formas y de métodos, con el objetivo de recuperar la interlocución y la necesaria capacidad de intervención en la sociedad.
Ante ello, apostamos por un partido abierto, donde la presencia y la relación con los distintos sectores sociales permita conocer las preocupaciones del momento y articular las respuestas adecuadas.
El insustituible debate político, consustancial a la militancia socialista, tiene que ser la base para la determinación de las políticas a aplicar y la vía fundamental de donde surjan militantes con capacidad de liderar el partido.
El ejercicio de un cargo orgánico o institucional tiene como objetivo único el servicio a la sociedad por un tiempo limitado. Nunca puede entenderse como una forma permanente de vivir.
Para salvaguardar la independencia del partido respecto de las instituciones, los cargos orgánicos e institucionales, en general, no pueden ser acumulables.
La tradicional división interna del socialismo motrileño no se resuelve marginando o expulsando al disidente, ni con adhesiones a la búlgara, sino reconociendo y valorando la discrepancia. El avance auténtico nace del conflicto; de la contradicción surge un nuevo estado más avanzado y más real.
La actual dirección local, haciendo gala de la altura de miras que corresponde a un dirigente socialista, debe, por el bien del partido y por ende de la sociedad, facilitar y no impedir ni obstaculizar la aparición de compañeros con valor y capacidad suficientes para llevar a cabo esta necesaria y urgente tarea de renovación que los nuevos tiempos y la sociedad nos exigen.



