SON MÁS LAS SOLICITUDES DE EMPLEO Y AYUDA ECONÓMICA QUE LAS ALIMENTARIAS. PETICIONES PARA PAGAR LA LUZ, EL AGUA, EL ALQUILER, PARA COMPRAR UNAS GAFAS A UN HIJO O MEDICAMENTOS. «NO PUEDES IMAGINAR CUANTOS DNI ESTAMOS PAGANDO ESTE AÑO».
Muy de Cruz Roja
En Cáritas Interparroquial son muy amables pero me dicen que no. La experiencia con los medios ha sido desigual y temen que la gente se confunda y haga colas en su sede tras la publicación del reportaje. Lo intento varias veces, y nada. Sin embargo, nos dan soluciones: ellos conceden ayudas alimentarias a traves de programas muy estrictos pero Cáritas Almuñécar entrega alimentos de forma autónoma. Allí iremos, unos días después. Ahora toca cambio de planes y pasear hasta la sede comarcal de la Cuz Roja. Llego después de cruzar la fachada del bar Dos Mundos. Y pienso en las casualidades.
El programa de alimentos por la solidaridad es un proyecto «muy de Cruz Roja», me dicen casi antes de sentarnos, aunque el abanico de prestaciones que ofrecen va mucho más allá. «La ayuda sicológica es tan importante como la alimentaria», describe Manuel Trinidad, Presidente Comarcal, especialmente para las familias procedentes de «contextos seguros», que nunca imaginaron llegar a esta situación. Pero me llevo una sorpresa: son más la solicitudes de empleo y ayuda económica que las alimentarias. Peticiones para pagar la luz, el agua, el alquiler, para comprar unas gafas a un hijo o medicamentos por los que hay que abonar el 40 por ciento,… Pequeños ladrillos que se convierten en muros insalvables. «No puedes imaginar cuántos DNI estamos pagando este año», dice Fuensanta Pérez, trabajadora social.
Sentados en torno a una gran mesa, en un amplio despacho, me describen situaciones que conocen bien. Como las de familias en «emergencia social», con todos sus miembros en paro, que han agotado sus prestaciones por desemplo, abocados al impago del alquiler o la hipoteca, quizá al deshaucio. Cruz Roja, que no puede asumir esas deudas, los deriva a sus servicios de vivienda para que negocien la dación en pago o el alquiler social. Por eso el programa de empleo es una de sus joyas más mimadas. Cerca de 200 personas han obtenido orientación laboral o prácticas en empresas. Medio centener de contratos justifica la satisfacción. Tambien apuestan por los menores de las familias que atienden. Les proporcionan material escolar, formación,organizan escuelas de verano y «meriendas solidarias» o procuran que no les falte una alegría el día de Reyes. Y asesoran legalmente, especialmente en derecho de extranjería.
Más que cifras
Hasta este verano, unas 400 familias han recibido ayuda alimentaria o económica. La previsión de este año era atender a 6000 personas. La expectativa, sin embargo, se cumplió a comienzos de 2013. Cada més se reparten 2 toneladas de alimentos no perecederos, a los que añade, habitualmente con sus propios fondos, productos de alimentación infantil, higiene y limpieza del hogar. La cuestación del Día de la Banderita, destinada especificamente a ayudar a personas afectadas por la crisis, recaudó el doble que en 2012. «La gente ha reaccionado de una forma tremenda», dice satisfecho Manuel Trinidad.
La organización sobrevive gracias a ese y a otros recursos propios, como el Sorteo del Oro o los 1500 socios que pagan cuota. También por las donanciones. Un establecimiento aportó ropa por valor de 6000 euros. Esas y otras ayudas han permitido la existencia de un pequeño ropero, básicamente para niños y transeuntes. A estos últimos, que han aumentado condiderablemente, se les entrega un kit de emergencia. Nunca dinero. Se les compra el billete de autobús o la medicina. Hay que evitar la picaresca
La cara de la Cruz
«Cruz Roja no existiría sin voluntarios», nos dicen unánimes. Su fama les precede y ni siquiera necesitan campañas de captación. «Además, este es un momento propicio para invertir tiempo en el servicio a los demás», asegura Nuria Ruiz, Coordinadora, «ellos son la cara de la Cruz Roja». Los voluntarios están involucrados en todos los procesos: la organización del almacén, los repartos, la escuela de verano, los talleres de formación para búsqueda de trabajo on line, la preparación del currículum o las clases de español o de árabe. Los hay con trabajo y desemplados, incluso jóvenes de 16 a 17 años que quieren echar una mano en sus vacaciones. Hay 300 voluntarios en activo y 900 adscritos.
La imagen más visible de Cruz Roja son los socorristas, las ambulancias, las pateras, pero hay mucho más, ya lo ven. Desde las 8 de la mañana hasta que cae la noche. Con el transporte adaptado o las tareas en pequeños poblados de inmigrantes subsaharianos, temporeros eternos, que no pueden acceder a un servicio público por falta de documentación. También están ahí, con ropa, mantas o el modesto papel higiénico… Y en otro nuevo núcleo de dolor: la llegada de pateras se ha reducido en un 80 por ciento pero los inmigrantes regularizados, que llevan residiendo muchos años en España, lo estan pasando mal. La mayoría trabajaban sin contratos en el sector de la construcción y no tienen, aseguran, derecho a prestaciones. Además, carecen de las redes familiares de los españoles, verdadero músculo anticrisis del país.
El músculo de Cruz Roja es tambien el de sus profesionales, empeñados en prestar una ayuda integral a los más desfavorecidos. Seguros de su filosía de dar peces y caña. Se congratulan de que los organismos y entidades estén coordinados a través de la Mesa de Atención a las Familias del Ayuntamiento Motril. «Creo que lo estamos haciendo bien», dice Fuensanta. Así parece. Son una decena de trabajadores que organizan y dan sentido a una obra de titanes. Ellos tambien son la cara de la Cruz. El mástil del banderín del córner.EN LA SEDE DE CÁRITAS ALMUÑÉCAR HAY UN GOTEO INCESANTE DE GENTE. ALGUNA MADRE CON SU HIJO. UN PEQUEÑO QUE LLORA. INMIGRANTES MAGREBÍES, TAMBIÉN JÓVENES. «POR ENCIMA DE LOS PAPELES ESTÁ LA CARIDAD», DICE D. EUGENIO, PÁRROCO DE LA CIUDAD.
EN LA SEDE DE CÁRITAS ALMUÑÉCAR HAY UN GOTEO INCESANTE DE GENTE. ALGUNA MADRE CON SU HIJO. UN PEQUEÑO QUE LLORA. INMIGRANTES MAGREBÍES, TAMBIÉN JÓVENES. «POR ENCIMA DE LOS PAPELES ESTÁ LA CARIDAD», DICE D. EUGENIO, PÁRROCO DE LA CIUDAD.
III) Cáritas

- EN LA SEDE DE CÁRITAS ALMUÑÉCAR HAY UN GOTEO INCESANTE DE GENTE. ALGUNA MADRE CON SU HIJO. UN PEQUEÑO QUE LLORA. INMIGRANTES MAGREBÍES, TAMBIÉN JÓVENES. «POR ENCIMA DE LOS PAPELES ESTÁ LA CARIDAD», DICE D. EUGENIO, PÁRROCO DE LA CIUDAD.
En el corazón de Cáritas
El particular arco del triunfo de Almuñécar anuncia un festival del teatro clásico en El Majuelo. Pero ahora, en lugar de aceite y salazones fenicios, me interesan los paquetes de alimentos que reparte Cáritas Parroquial en la iglesia de El Salvador. Son otros dramas, y se representan diariamente. Me sorprende el ambiente. Hay alegría, buen rollo. Incluso en los que esperan en el recibidor del local para recoger sus vales de alimentos. Son los primeros que veo. Me sorprende la juventud. La media es de 30 años. «Es una pena», dice Pepe, «pero aquí están, aunque los abuelos también abundan». Él ha informatizado la ayuda y le va pasando a Mariza los datos de cada usuario. Es un tipo listo y salado. Como María Victoria, pequeña pero con la energía de una bomba. «Ahora hay menos porque trabajan un mes o dos y hay inmigrantes que se han ido», dice. Me hacen reir. Y lo agradezco.
La oficina esta presidida por un cuadro del Cristo de Dalí. Al lado, un cartel del Plan de Ayuda Alimentaria de la Unión Europea «para las personas más necesitadas» y una copia de los requisitos de ayuda, para que quede claro que se hacen las cosas bien. Hay un goteo incesante de gente. Alguna madre con su hijo. Un pequeño que llora. Inmigrantes magrebíes, también jóvenes. Los usuarios firman, recogen su vale y bajan al sótano. Allí destacan los tronos vacíos, estacionados como coches, y la figura de un hombre grande y bonachón que entrega el paquete de alimentos correspondiente.
Llega Don Eugenio Valero, párroco de la ciudad desde hace de 30 años y presidente de Cáritas Parroquial Almuñécar. De presencia casi carísmática, rompe el hielo con cariño, como diculpándose por la tardanza: «cuando una sube, debe aprender a bajar».
Por encima de los papeles
En el ordenador están los datos de más de 500 familias que reciben ayuda entre una y tres veces al mes, según el número de miembros. Nos hablarán, sin embargo, de la flexibilidad con las normas. Don Eugenio lo dice muy claro, también muy despacio: «no podemos rechazar a una persona que no traiga unos papeles en un momento determinado, porque por encima de los papeles está la caridad». Ya habrá tiempo después para justificantes. Y algo más, también importante: «La ayuda no se reduce a a bolsa». En la entrevista a fondo con los posibles perceptores afloran otros problemas y necesidades. Ya se sabe que no solo de pan vive el hombre
La ambición es grande aunque los medios sean insuficientes. Por ejemplo, no disponen de cámaras frigoríficas y es imposible almacenar los alimentos no perecederos. «El otro día tuvimos que tirar tomates», dice Manuel Buendía, Director de Cáritas Almuñécar. Manuel es de historias. De contarlas y de vivirlas, digo. Se apasiona al describir la generosidad de la ciudad. Como la de un chaval que entrega un kilo de arroz en la colecta de ayuda solidaria del colegio y luego decubren que formaba parte de la bolsa de alimentos entregada a su familia. Historias de gente que no cuenta sus apuros y hay que ayudar casi en secreto o de visitas nocturnas, casi de madrugada, para que nadie se entere.
Con las manos abiertas
«Cáritas siempre se ha considerado como el corazón de la parroquia», dice Don Eugenio, «tenemos la alegría de que ha prendido fuertemente en medio de la gente, que la llevan dentro del corazón». Manuel Rodríguez, el ecónomo, lo rubrica: «Cáritas se ha hecho creible y la respuesta esta llena de generosidad».
Los sexitanos, empresas y particulares, también se han distinguido por los ingresos en efectivo. Y es que los frentes se diversifican, por ejemplo, en atención domiciliaria a personas mayores y enfermos. En estos días esperan incluso la resolución favorable de un alquiler social para evitar un deshaucio. La colaboración de asesores fiscales y abogados está siendo esencial.
En el inventario de donaciones y ayudas, destaca que en momentos puntuales han sido las aportaciones de la comunidad las que han resuelto un problema.Un billete generoso, entregado a las puertasdel centro por una mujer con prisa, que acaba con la escasez de azúcar o leche. Como eso, mucho, dice Manuel Buendía, el hombre de las historias, con los brazos crucificados. Donde no llega la ayuda oficial, llegan los ciudadanos y las empresas. Algunas han aportado grandes cantidades. Sus donaciones tienen una desgravación fiscal del 25 por ciento.
Mientras llega el inhabitable mediodía del verano, el párroco y el ecónomo, aseguran que siempre se ha dado «un fin útil» al dinero que les ha llegado. Y parece que ha sido mucho. Antes, reformando templos. Ahora, luchando contra el hambre y la falta de vivienda o ropa. Me hablan de los 40 000 mil ladrillos partidos que se utilizaron para cubrir los agujereados muros de la iglesia Mayor. De la pequeña travesía de un hombre diabético que qedó ciego, que confirma el respeto ciudadano hacia la institución. Y de la madre que gastó su pequeña herencia en comprar un sagrario a sus hijos.
El placer lento de la conversación complica la visita al ropero. En otra ocasión. Lo pienso mientras me dejo llevar por una cerveza glacial y una frase de Pepe, el hombre listo y salado: «Lo que haces bien, lo harás solo una vez». Pues eso.