que descienden
como cataratas ocultas
detrás de los pliegues
de su mirada.
Niño sin papeles en el alma
ni razones en el vientre
espíritu alegre al vaivén
de alboradas blancas
y perfume a incienso
en la sonrisa de escarcha.
Una costra de sal
recorre el almanaque de su piel
una plegaria asoma
en la palma de sus manos
que eleva su canto mudo
sobre las fronteras invisibles.
Desde la cuna
a una barca a la deriva
que encalla en la playa sosegada
y colgando de su mochila
quedan los rumores
de otras nanas.
Una carrera le espera
con obstáculos
y sin leyes



