El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

PUERTAS Y POSTIGOS DE LA MURALLA DE MOTRIL EN LA EDAD MODERNA

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

Motril tiene una dilatada historia de guerras, rebatos, piratas berberiscos, corsarios e inesperados ataques turcos, franceses e ingleses. Y es que nuestra ciudad hasta bien entrado el siglo XVIII fue una tierra fronteriza entre Europa y un África hostil, con todo los que conllevaba vivir en peligro constante, en una vida casi militarizada en la que todos los vecinos tenían la obligación de defender la población y la costa. Fue una población históricamente mal defendida y peor fortificada, situación que condicionó desde el desarrollo poblacional y económico hasta el propio carácter y modo de vida de los motrileños.

Muchos datos nos hacen pensar que el núcleo urbano central del Motril musulmán estaba amurallado y la población defendida por una pequeña alcazaba llamada “Qalat al Xaiar” situada en un cerro próximo a la localidad. Fuentes cristianas citan que un afortunado tiro de cañón de la artillería de los Reyes Católicos entró por la tronera de la torre donde los musulmanes motrileños tenían la pólvora haciendo volar el edificio y provocando la rendición de los motrileños entregándose la villa “a partido”, es decir con un acuerdo que no conocemos, a las fuerzas castellanas en diciembre de 1489. El cercado pronto estuvo en ruinas por dejadez o intencionadamente.

Por real cédula de Fernando el Católico de 1499 ante el peligro de una sublevación mudéjar, se ordena el derribo de la alcazaba del Cerro y lo que quedaba de la muralla, quedando, Motril, totalmente desguarnecido, con la única excepción de una pequeña torre conocida como la “Torrecilla” que había sido el alminar de la antigua mezquita mayor, situada junto a los restos de una antigua puerta de muralla.

Cuando se produce el importante ataque berberisco del 3 de diciembre de 1507, la villa era un lugar abierto, sin ningún tipo de muralla y sin otra defensa que la ya citada “Torrecilla”, pidiendo el Concejo en repetidas ocasiones al conde de Tendilla que era, en esta época, el capital general del Reino de Granada que se reedificasen las murallas único medio de proteger la población de los “continuos rebatos de los enemigos de Nuestra Santa Fe Católica”.

En 1510 el procurador motrileño Pedro Gómez de Rada expone a la reina doña Juana que en Motril había un sitio de unas setenta casas en donde viven solo cristianos viejos y que se cercaban a casamuro, esto es cerrando las calles entre casas con piedra y barro, en caso de ataque y que, para mayor seguridad, estas casas se podrían proteger haciendo una muralla. En 1523 el rey pide informes de cómo se podría hacer la solicitada muralla, pero hasta 1520 no hay una orden expresa por parte de la Corona, ordenando al Gonzalo Vázquez de Palma, pagador de la gente de guerra del a costa de Granada, para que dé a la villa de Motril 665.000 maravedís para “acavar de façer la cerca de la dicha villa”. El 1526 se le concede al Concejo que pueda cobrar un impuesto extraordinario para construir la fortificación y dos años después, primero de marzo de 1528 comenzaría la edificación a cargo del bachiller Gonzalo Hernández de Herrera, vicario de la Iglesia Mayor.

La Iglesia Mayor, último reducto de la defensa motrileña

Se inició la construcción de la muralla desde el llamado “puente del Hospital”, que hoy prácticamente estaría en la esquina del edificio de la Cooperativa Remolachero-Cañera, continuándose el muro a todo lo largo de la huerta del convento de la Victoria, hoy patio del Colegio de los Agustinos, y subiría hacia el norte por toda la calle de la Muralla, hasta la plaza de Castil de Ferro,  hoy Jardinillos, y proseguiría por la calle de Catalanes , en aquella época conocida por calle del “Adarve”; hasta concluir en la actual esquina entre plaza Canalejas y calle Cardenal Belluga. Aquí terminaba la muralla. A partir de aquí, se defendían con casamuro a lo largo de la citada calle Real o Cardenal Belluga, seguía la Iglesia Mayor con sus parapetos y defensas y desde allí bajaba hasta la rambla de Manjón donde se prologaba el casamuro hasta concluir en el paso cubierto de Horno Nuevo. Esto era lo que se conocía en aquella época como el “Cercado de la Villa”. Fuera del recinto fortificado se encontraban los arrabales del Manjón y del Curucho y el barrio del Pozuelo

El acceso al interior de la zona amurallada se hacía por dos puertas y dos postigos principales.

Las puertas son elementos de cierre del recinto murado, no solo ante posibles invasiones, sino porque también tienen carácter jurídico, policial y fiscal, de acuerdo con el pago de derechos de paso de personas y mercancías. Por el lado de levante, en la entrada a Motril por el camino de Almería, estaba la Puerta de Castil de Ferro, hoy en la entrada de calle Zapateros. Es posible que esta puerta se conservara desde la época musulmana, aunque fuese modificada posteriormente en diversas ocasiones.  Ya existía en 1517 y la constituía un arco de medio punto y bóveda de cañón de medidas que no podemos precisar, pero los suficientemente ancha para permitir que pasara un carro. Estaba flanqueada una torre circular o cubo de 4 metros de alto y a unos 7 metros más atrás la antigua “Torrecilla”. A esta puerta se la conoció, también, con el nombre de Santiago ya que casi estaba adosada a la antigua mezquita mayor musulmana, convertida en parroquia cristiana en 1492 bajo la advocación del Apóstol Santiago. En 1539 se rehízo el cubo antiguo y se le añadió otro para flanquearla. En 1586 se arreglaron los dos cubos laterales y en 1614 se ensanchó y se le hicieron puertas de madera que no tenía y por dentro se construyeron dos muros “travesés” para mejorar su defensa. Fue derribada en 1832, ya que puerta y cubos estaban ruinosos.

Por el lado de poniente de la ciudad de la villa y por la entrada que conducía desde el camino de Málaga y Granada, estaba la Puerta de Granada, cuyo origen es también musulmán y seguramente se conservó modificada. A fines del siglo XV y principios del XVI se le conocía con los nombres de Puerta de la Rambla o Puerta Grande. Seguramente sería un arco de ladrillo de medio punto y bóveda de cañón de unos 3 metros de profundidad y los suficientemente ancha para pasar, aunque con dificultad, un carro. En 1552 el Concejo ordenó al mayordomo de Propios que, sobre la puerta, se hiciese un arco de ladrillo para subirla en altura y se le colocasen almenas. Se le hizo puerta de madera recia recubierta de cuero y chapas de hierro en las juntas En 1608 fue arreglada por el Concejo porque había peligro que se la pudiese llevar una avenida de la rambla. No tenía ninguna torre para su defensa y próximo a ella estaba la casa de la Guardia. Tuvo una tribuna con la imagen de la Virgen del Rosario. Sufrió daños en el terremoto de 1804, aunque fue reparada. En 1830 estaba muy modificada por reformas modernas y definitivamente derribada al quedar prácticamente en ruinas tras el terremoto de 1884.

Al final de la muralla, en lo que hoy sería la entraba de calle Comedias, estuvo el Postigo o Postiguillo de Beas. Un postigo es una apertura en la muralla de menor entidad que una puerta, que servía fundamentalmente para el paso de personas. El de Beas recibe este nombre por Damián de Beas, repoblador motrileño de 1510 y por sus sucesores, como Pedro de Beas, que tenía un horno junto al postigo. Era un arco de medio punto de ladrillo y bóveda de cañón que ya existía en 1517 y que fue reparado en 1538 para que pudiese permitir la entrada de un hombre a caballo y una carga de leña. También se le conoció con el nombre de Postigo de los Mesones porque cerca de él estaba el mesón de Pedro García. Al mediar el siglo XVII también se le denomina con el nombre de Postigo de Santiago, porque se le construye una tribuna dedicada al Apóstol Santiago. Sufre daños en el terremoto de 1804 y para 1832 esta muy modificado. En el terremoto de 1884 se cayó en parte y fue finamente derribado.

El último postigo es el Postigo del Toro, situado en la confluencia de la Rambla del Manjón con la calle Señor de Junes. Aparece en la documentación a veces con el nombre de Postigo de Oro o del Loro, pero parece deberse a errores en la trascripción. Su nombre viene de uno de los vecinos, Pedro de Toro, también repoblador cristiano viejo de Motril en 1510. Desconocemos si existía en época musulmana y no sabemos nada de su forma arquitectónica, aunque también debió ser parecido al Postigo de Beas. Existía ya en 1552 y en 1583 se ordenó por el Concejo su arreglo para controlar las entradas a Motril por aviso de epidemia de peste. En 1612 y 1614 se ordenó arreglarlo y tapiarlo ante la posibilidad de un ataque enemigo. Se le llamó, también, Postigo de Juan Pariente ya que lindaba con el mesón de este propietario. Para mediados del siglo XVII ya no existía como tal, solo el nombre del sitio.

Además, existieron otros pequeños postigos y portillos, como el del Hospital, el de la huerta de la Victoria, el del Aljibe de la Villa, el de Villanueva, el del horno de la Muralla, el del callejón de la Pieza, hoy calle Sacristía, el de la Plaza de Armas, el del Panteón, actual calle Amnistía y el de Horno Nuevo que servía para tomar agua de la acequia en caso de asedio.

Hoy no queda nada de la fortificación que rodeaba el centro urbano de nuestra ciudad, ni de sus puertas ni postigos. La muralla comenzó a ser demolida a mediados del siglo XVIII, los terremotos de 1804 y 1884 contribuyeron a hacer desaparecer lo poco que quedaba; en el siglo XX los Agustinos derribaron el muro del patio del colegio que era parte de la muralla en la zona del Borde de la Acequia que estaba en muy mal estado y, definitivamente, a finales de los años 80 se derribó un trozo de lienzo del muro que existía en la calle de ese nombre, entre la Escuela Virgen de la Cabeza de los Agustinos y la esquina de la calle Zapateros. No conseguí convencer a nadie con autoridad de que se estaba destruyendo el último vestigio de la muralla de Motril.

Al menos nos queda algo como recuerdo en la toponimia urbana: Calle de la Muralla, la calle Puerta de Granada y el Postigo de Beas.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=117275

Escrito por ElFaro en 9 jul 2019. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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