El Faro

EL ÚLTIMO VIAJERO ROMÁNTICO

CASTILLO DE SALOBREÑA

IÑAKI RODRÍGUEZ -Escritor-

Cuando era niño, mi padre me contó que la roca milenaria que sostiene como una mano a Salobreña fue una isla. Era el Neolítico. También me relató cómo, sucesivamente, fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes, cristianos y hasta las mismas tropas de Napoleón tomaron esta gigantesca roca haciéndola suya. Pero había una época de la que mi padre siempre hablaba con tono más apasionado y menos ex cátedra. Sus ojos se encendían como ópalos traídos del centro de la tierra y  sus pupilas destellaban chispas de colores. Me refiero al periodo Nazarí (1238-1492). Me dijo que aunque el Castillo de salobreña databa del siglo X y ha perdurado hasta hoy, solo con los nazaríes alcanzó esplendor. Decía que cada almena, torre y muralla tienen más de una leyenda que contar. Eran tiempos de reyes encerrados, prisioneros en su propio reino. Jardines encantados, donde fuentes y generalifes susurraban al oído pasiones y envidias, intrigas y anhelos. Tiempos  de reyes que quisieron todo y lo consiguieron, para después perderlo. “Lo difícil no es llegar, es mantenerse”, decía mientras pasaba otra hoja de sus apuntes ¡Siempre con los dichosos apuntes! Me despertaba y allí estaba, ojeándolos, concentrado y en silencio. Me iba a dormir y seguía reposando sus ideas, sentado en su sillón, con la mesa repleta de papeles. Siempre leyendo. Siempre estudiando. Después de aquello pasé varias noches soñando con reyes prisioneros y jardines encantados, hasta que me volví a acercar a él sin hacer ruido para no molestar mientras leía. “Papa, ¿qué mas sabes sobre el Castillo de Salobreña?” pregunté. Me miró, acarició mi cabeza cariñosamente y dijo con suave tono de voz: -Todo el mundo sabe que aquello fue cárcel de reyes árabes durante la dinastía Nazarí. Yusuf, Muhammed IX, Abu Nasr Sad y Muley Hacen, fueron algunos de sus ilustres inquilinos. Hay muchas leyendas sobre el castillo durante esta época. Entre ellas está la de Yusuf que, tras serle usurpado el trono que legítimamente le correspondía, fue encerrado once años allí por su propio hermano. Una mañana, su hermano, Muhammed VII, mandó matar a Yusuf para que no fuera obstáculo al trono del hijo del primero,  pero al llegar el verdugo a la torre Vieja del castillo, el rey Yusuf estaba jugando una partida de ajedrez. Pidió entonces al verdugo que le permitiera acabarla y así ganó tiempo para que su hermano fuera envenenado y volver a recuperar el trono. Yusuf salió de su encarcelamiento a punto de morir, entró triunfalmente en Granada y fue coronado rey. El primo de Yusuf, Muhammad IX, el zurdo, estuvo encerrado en el castillo y también fue rey. Pero poco sabe la gente sobre la mejor leyenda de todas, la de Muhammad VIII el Pequeño. Rey de Granada entre 1417 y 1419 y de nuevo entre 1427 y 1429. Era hijo de Yusuf y le hicieron rey a los ocho años. La edad que tú tienes ahora. Fue destituido por un clan muy poderoso, el de los Abencerrajes y otra vez se armó de valor al cumplir los dieciocho para recuperar el trono y volver a proclamarse rey. Pero, por segunda vez, los Abencerrajes le destituyeron y encarcelaron en el castillo. Entonces el pequeño rey, como así le conocían, tuvo la oportunidad de salvar su vida si negaba sus derechos al trono de Granada. Lejos de hacerlo, preguntó si sería justo que a una paloma  le cortaran las alas y la obligaran a vivir andando y no remontar jamás el vuelo. El soldado sacó una espada y el rey, al ver que ya no le quedaba tiempo de vida, se lanzó a un aljibe y buceando topó con un hueco en la roca que sujeta al pueblo y se deslizó por él, como por un tobogán,  atravesando sus entrañas desde el castillo hasta la vega. Al salir escupido por un manantial muy conocido, el del Gambullón, la gente que allí buscaba agua en ese momento, se rió de él. La guardia del sultán apareció y lo detuvieron de nuevo conduciéndole al castillo. Por el camino, un hombre se le acercó y le dijo: ¨No hay más ayuda que la que viene de Dios, el clemente y misericordioso¨. El pequeño rey  juró que algún día los Abencerrajes pagarían lo que iban a hacer y empapado de agua le cortaron la cabeza en aquel sitio. Al cabo de los años, Boabdil reunió y mató a traición a todo el clan de los Abencerrajes en una sala de la Alhambra, donde hay una inscripción que nunca nadie supo quien puso que dice: ¨No hay más ayuda que la que viene de Dios, el clemente, el misericordioso¨

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Escrito por ElFaro en 16 mar 2019. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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