El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

Un Motril en crisis en los primeros años del siglo XX (1917-1920)

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

Comenzaba 1917 con una situación social a punto de estallar, hambre en cientos de familias, gran parte de las cañas heladas y un Ayuntamiento sin fondos para destapar la válvula de escape que eran las obras públicas. Hubo que abrir de nuevo los comedores de caridad ante cuyas puertas esperaban diariamente largas colas de necesitados, en cuyos hijos se cebó en febrero y marzo la difteria. El inicio de la zafra alivió algo la situación y proporcionó trabajo, aunque con salarios muy bajos, a muchos obreros motrileños en el campo y en las fábricas. El alcalde Pérez Santiago no podía recurrir ahora al manido tema del ferrocarril, ya que ninguna empresa había concurrido a la subasta de las obras y el Estado tampoco quería hacerse cargo de ellas y hubo que echar mano a la situación de las comunicaciones por carretera entre Motril y Granada, cuya carretera sufría un escandaloso abandono que dificultaba exageradamente el comercio de los productos locales, tardando los automóviles 8 horas en llegar a la capital. Pero tampoco se consiguieron los fondos necesarios para repararla. Al alcalde no le quedó más remedio que acudir a sus amigos políticos de la Corte para que presionaran al contratista de las obras del puerto, Rafael Montesinos, para que reiniciara la construcción lo que así ocurrió en julio, aunque empleando menos obreros y con sueldos algo más bajos que los de 1916. También, y como idea para aliviar la situación económica, Francisco Martín Cuevas intentó resucitar el antiguo proyecto, ya ideado en 1804 por el gobernador político-militar de la ciudad Jaime Moreno, de llevar agua a los llanos de Carchuna y ponerlos en regadío ampliando las tierras de cultivo del término municipal. Esta iniciativa no tuvo éxito ante la oposición de la Diputación de Aguas a prolongar la acequia de riegos hasta Carchuna y los elevados costes de la obra que excedían las posibilidades económicas personales de Martín Cuevas quien tampoco encontró socios que apoyaran económicamente su proyecto.

El paro se redujo de manera importante pero aún quedaban sin trabajo más de cuatrocientos trabajadores, con lo que la situación social, menos peligrosa que a principios del año, seguía siendo preocupante menudeando las manifestaciones de protesta, que se concretaron en una huelga general en agosto promovida por la Agrupación Socialista y que fue secundada por los jornaleros del campo, los azucareros, los obreros del puerto y la gran mayoría de los empleados de los servicios. Hubo intervenciones de la Guardia Civil que terminaron en enfrentamientos callejeros saldados con algunos heridos y la detención de los líderes obreros locales.

Eran las consecuencias de la crisis de 1917 que provocó un importante desajuste entre precios y salarios a raíz del cual sobrevino un auténtico boom proletario, la ruptura parcial del turno de partidos y el inicio de una lucha ideológica que polarizó a la sociedad en dos frentes: derechas e izquierdas.

Motril en los años iniciales del siglo XX

Terminaba la segunda década del siglo sin que las perspectivas de futuro fuesen demasiado halagüeñas. Parecía como si el desánimo hubiese prendido definitivamente entre los motrileños. Los proyectos tradicionales de mejora económica no tenían visos de lograrse a medio plazo y la decadencia de la ciudad era total, máxime cuando el azúcar volvió a perder valor al terminarse el conflicto europeo, retornándose de nuevo a los enfrentamientos entre fabricantes y labradores; estos últimos ahora mejor organizados en el Sindicato Agrícola Nuestra Señora de la Cabeza y la Unión de Cañeros, creados ambos en 1918. Los ayuntamientos de la época poco pueden hacer, ya que sus maltrechos presupuestos municipales no permiten acometer las obras públicas más necesarias y el desencanto cunde también entre los políticos locales, hasta tal punto que entre enero de 1919 y junio de 1920 se suceden cuatro alcaldes: Miguel Pérez Granés, Aurelio Hernández Díaz, Francisco de Paula Rojas Herrera y Francisco González Arroyo; que llegan a la Alcaldía con grandes ilusiones de regenerar la vida motrileña, pero que pronto dimiten al no conseguir sacar adelante ninguno de sus proyectos. La ciudad llega a perder habitantes, pasando de los 18.528 de 1900 a 16.809 en 1920.

El semanario local “Vida Motrileña”

Lo que sí abundan en estos veinte primeros años del siglo son los periódicos locales, la mayor parte de ellos muy efímeros y vinculados a los partidos políticos tradicionales e incluso a algunas familias. El siglo lo inaugura La Voz de Motril que pronto desaparece para ser sustituido en 1904 por Nuestro Tiempo, periódico progresista que recoge artículos culturales y de discusión política. Dejará de editarse en 1905 apareciendo entonces Vida Nueva dirigido por Ramón Granados García, siendo una publicación independiente y de ideología republicana que ataca a los caciques locales y a la inoperancia de las autoridades municipales. Se publicará hasta 1914 y contra él se dirigirá la prensa más conservadora que es en estos años la prensa católica. En 1907 se publica El Heraldo Católico que dirige Joaquín Domínguez Blanco. En 1912 aparecería otro periódico católico llamado La Aurora que se extinguiría en 1914. Fue dirigido en principio por Juan Rodríguez Pintor y en 1913 por Francisco Posadas Bahamonde, siendo el órgano informativo de la Congregación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga. El Defensor de Motril que dirige Luis Cuevas Jiménez aparecerá en 1908 y su publicación solo durará dos años, aunque en 1910 ya había salido a la luz El Motrileño, periódico conservador y monárquico. Su primer director fue Antonio Terrón del Castillo a quien seguirían Eugenio Cazorla Jiménez y Antonio Rosales Villarreal. Este medio de comunicación desaparecerá en 1918. El Eco de Motril surgiría en 1911, estando inspirado por el diputado conservador Romero Civantos, sería un bisemanario que duraría cuatro años. Motril Agrícola e Industrial se publicará en 1914 tres veces al mes bajo la dirección de José Banqueri Martínez. En este mismo año hace su aparición El Mediterráneo, dominical dirigido por José Antonio Llorens que tiene que compartir los lectores con otro semanario titulado Vida Motrileña, cuyo propietario y director es Lorenzo Ros Vallejo. En 1915 verá la luz El Boletín Agrícola del Litoral Granadino, órgano del Sindicato Nuestra Señora de la Cabeza y que estuvo dirigido por Miguel Fernández Segovia. Este periódico es sustituido en 1918 por El Noticiero Motrileño que, así mismo, tuvo corta vida. Por ultimo y referente a la prensa de esta época, citaremos un luctuoso suceso. En 1916 se publicaba el semanario El Clamor de la Verdad dirigido por Florencio Moreu que dio lugar con sus artículos a un enfrentamiento callejero entre miembros de familias política y económicamente rivales. En el cruce de disparos entre Moreu y Francisco Moré de la Torre, murió una víctima inocente: Gerardo Murillo Oliveros, apoderado de los señores Moré y hombre muy apreciado en la ciudad cuya muerte lamentó todo Motril.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=110745

Escrito por ElFaro en 8 mar 2019. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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