El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

EL ATAQUE DE UN BARCO DE LA ARMADA INGLESA A CALAHONDA EN 1805

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

Tradicionalmente el puerto de Motril fue a lo largo de la Edad Moderna el de Calahonda, ya que su pequeña ensenada estaba más abrigada de los vientos dominantes que el Varadero, que también se utilizaba como fondeadero, pero el mayor volumen de trafico marítimo se hacia desde el siglo XVIII por el puerto de la vecina localidad que poseía bastante más calado, lo que permitía que barcos más grandes que atracaran más próximos a la costa.

Nuestra costa seguía sufriendo en estos años iniciales del siglo XIX, aunque a mucha menor escala que en siglos anteriores, los ataques de piratas, corsarios y de las armadas de  los países enemigos de España.

Es verdad que desde finales del siglo XV se trató de conseguir una defensa eficaz, pero por diversas razones, entre las que se encontraba la mala situación económica del país, esta defensa costera no se pudo completar adecuadamente hasta la segunda mitad del siglo XVIII y aunque en este siglo se construyeron modernos castillos como el de Carchuna y Varadero,  nuevas torres como la de Torrenueva y se arreglaron las antiguas, nunca se les dotó de los hombres, pertrechos y armamento apropiados para realizar convenientemente su función.

Son numerosas las peticiones de los comandantes de los castillos y de los torreros, reclamando sobre el mal estado de la artillería, la falta de municiones, la escasez de suministros, la falta de hombres y lo irregular de las pagas de los sueldos de los soldados.

A pesar de todo esto, a principios del siglo XIX, el problema de la defensa costera no revestía la importancia que había tenido en anteriores épocas y la persistencia de castillos y torres vigía, significaba al menos una cierta garantía para protección de las ciudades y villas de la costa del reino de Granada.

En el caso de Motril y su término la protección estaba en gran parte asegurada por la existencia del bastión casi inexpugnables del castillo de Salobreña que, aunque anticuado, era un magnifico elemento disuasor ante cualquier intento de desembarco enemigo. Además, en las playas estaban los más pequeños y modernos castillos del Varadero y Carchuna. El primero defendiendo el fondeadero de la playa motrileña y el camino de penetración hacia Motril y el segundo realizando una idéntica función en los llanos de Carchuna y Calahonda y su puerto.

Pero este sistema defensivo eficaz en los que se refiere Motril y eficiente en casi todas las ocasiones, era a veces vulnerado por la astucia y el arrojo de algunos marinos piratas o corsarios que no sentían el menor temor de intentar acercarse lo más posible a nuestras playas buscando un botín que colmara sus aspiraciones o intentando hacer daño en las defensas costeras.

Y así sucedería en muchas ocasiones, como la ocurrida el 13 de octubre de 1805, fecha en la que se produjo el ataque de una nave corsaria inglesa al puesto de Calahonda.

Conocemos este ataque gracias al informe que, sobre lo ocurrido, hizo el sargento al mando del castillo de Carchuna al gobernador político y militar de Motril.

Carta náutica de la ensenada de Calahonda en 1813

En este informe, Juan Encinas, que así era como se llamaba el mencionado sargento, relataba que a las cinco y media de la tarde del citado día, la guardia de vigilancia del castillo vio acercarse desde poniente una corbeta que, situándose frente a la fortificación, pudieron percibir que enarbolaba bandera española y, por lo tanto, sin miedo de que se tratase de una nave enemiga, la dejaron que prosiguiese su rumbo hacia levante.

La torre del Llano y sus torreros también la dejaron pasar, suponiendo que, debido a la fuerte marejada de poniente, la corbeta tendría intención de refugiarse en el próximo puerto de Calahonda.

La nave llegó frente al puerto y en cuanto se colocó a una distancia adecuada de los otros barcos allí fondeados, arrió la enseña española, izando a continuación su verdadera bandera: la inglesa.

Rápidamente el barco británico abrió un continuo fuego con sus cañones de estribor; sorprendidos ante lo inesperado del ataque, los soldados de vigilancia en el puerto corrieron hacia sus baterías defensivas e iniciaron un tenaz cañoneo contra el barco corsario.

La corbeta inglesa, ante la resuelta y enérgica respuesta de las tropas españolas, viró a estribor y poniendo rumbo a levante, se alejo del puerto perdiéndose de vista al poco rato, no sin antes disparar algunos ineficaces cañonazos con su artillería de popa.

No se registraron daños de importancia en los barcos anclados ni en las instalaciones del puerto y no hubo que lamentar bajas entre la marinería ni entre los soldados de la guarnición.

Fue este un episodio más del antiguo, y no por ello menos grave, problema de la defensa de la costa motrileña.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=108838

Escrito por ElFaro en 1 feb 2019. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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