El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

PEDRO MOREU DE ESPINOSA. UN ALCALDE MOTRILEÑO EN TIEMPOS DIFÍCILES

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

Pedro Moreu de Espinosa nació en Motril en 1842, perteneciente a una familia catalana de comerciantes procedente de Tossa de Mar en Gerona y establecida en nuestra ciudad a principios del siglo XIX de manos de la familia Moré, también oriundos de este mismo municipio catalán, dedicada al comercio de cabotaje de vino, aguardientes, alcoholes y otros frutos locales con Cataluña y especialmente, tras la Guerra de la Independencia, a la exportación del algodón motrileño a las fábricas textiles catalanas.

Enriquecidos rápidamente, pronto los miembros de la familia Moreu ocuparon cargos importantes en la administración y en la política nacional, adquieren importantes propiedades y hacen su entrada en la política local donde con celeridad, con otros catalanes aquí establecidos, ocupan gran parte de los cargos municipales.

En los inicios del último tercio del siglo XIX, Motril es una ciudad relativamente atrasada de unos 14.000 habitantes que está emprendiendo un nuevo despegue económico gracias al desarrollo del cultivo de la caña de azúcar que había desaparecido prácticamente desde fines del siglo XVIII y que ahora vuelve a ser predominante en nuestra vega, lo que conllevaría la construcción de recientes fábricas azucareras.

En 1880, Moreu, sustituye interinamente en la alcaldía a Ricardo Rojas Garvayo y definitivamente es nombrado alcalde de la ciudad el 1 de julio de 1881, en un Motril que ya tenía vida económica propia y todo parecía anunciar un próximo y definitivo despegue hacia la modernidad. Es verdad que Moreu se encuentra con muchos problemas por resolver, su labor negociadora con las nuevas fábricas de azúcar que se establecen en la ciudad es muy importante, consiguiendo aumentar el número de trabajadores empleados en las azucareras. En estos años siempre estuvo preocupado por solventar el paro obrero, desarrollando diversas obras públicas desde el Ayuntamiento, aunque en su primer año de mandato su actuación contra la huelga de trabajadores de la fábrica de San José del Varadero fue muy contestada por los obreros motrileños.

1881 no estaba siendo un buen año para Motril. A principios de enero había nevado y el intenso frio amenazaba con helar la cosecha de cañas. A mediados de este mismo mes un fuerte temporal de lluvias hizo que el rio Guadalfeo se desbordara destruyendo unas 50 hectáreas de tierras de cultivo. Nuevos temporales de lluvias en abril cortan la comunicación con Almuñécar al hundirse la carretera y de nuevo se desborda el Guadalfeo en dos ocasiones, afectando a una extensión de vega parecida a la de enero y destruyendo el camino que unía Motril con Salobreña. Debido a estas inclemencias del tiempo, la cosecha de cañas sería corta y daría poco trabajo a los braceros.

Por otro lado, se estaba construyendo la fábrica del Pilar y las obras de teatro Calderón estaban muy avanzadas al igual que las de la fábrica Santa Margarita, con lo que había bastante trabajo para los obreros de la ciudad, pero la jornada laborar era muy prolongada, trabajándose normalmente entre 10 y 12 horas y con sueldos bajísimos.

Carpinteros y albañiles intentaron reunirse con los patrones durante los meses de mayo y junio y ante la negativa de la mayor parte de los empresarios a negociar la jornada laboral declaran la huelga el 24 de julio de este año, pretendiendo publicar un manifiesto para explicar a la opinión pública las causas que les habían llegado a ponerse en huelga. El 25 de julio el comité de huelga es llamado por el alcalde, manifestándoles que haría gestiones con las fábricas y los dueños de las obras para ver que conseguía, pidiéndoles que no alterasen el orden público ni procuraran imponer por la fuerza la huelga a todos los compañeros.

Pedro Moreu y Espinosa (Revista “La Ilustración Española y Americana”)

Todo marchaba sin desordenes de ningún tipo, hasta que el día 30 los obreros que trabajaban para Ravassa y Compañía en el ingenio azucarero “San José” del Varadero, abandonaron los talleres pacíficamente y sin proferir gritos o amenazas, reuniéndose en una barraca próxima a la fábrica. En pocos minutos la choza fue rodeada por fuerzas de la Guardia Civil y Carabineros al frente de las cuales iba el alcalde, deteniendo por no trabajar a una veintena de trabajadores y llevándolos custodiados hasta la cárcel de Motril, paseándolos por el camino más largo y por las calles más concurridas entre las bayonetas de los guardias. Este mismo día por la tarde Pedro Moreu publicó un bando casi declarando el estado de sitio en Motril y proclamando algo parecido a una ley marcial, exigiendo a los obreros que no hagan caso de los incitadores y avisándoles de las graves penas que podrían concurrir. Los comentarios que se suscitaron en la población fueron muchos, unos opinaban que los obreros habían insultado al alcalde y otros que, Moreu, actuaba de forma arbitraria y exagerada al ser cuñado de uno de los propietarios de Ravassa y Compañía y que servía más a los intereses particulares de la empresa que al interés general.

Los años siguientes fueron de relativa tranquilidad y no es hasta 1884 cuando de nuevo empiezan problemas importantes en la ciudad. En febrero de ese año el azúcar no alcanza los precios previstos y prácticamente se paraliza la zafra y tres de las fábricas no se abren cuando comienza la campaña. El paro es abrumador y no puede ser absorbido por las obras públicas proyectadas por Moreu desde al Ayuntamiento. En septiembre llega la noticia de epidemia de cólera en Alicante y es necesario adoptar medidas sanitarias que hacen aún más difícil disponer de fondos municipales dedicados a generar empleo y el fantasma del hambre hace su aparición en Motril. Son inútiles las gestiones realizadas por el alcalde y los diputados motrileños Jiménez Caballero y Rodríguez Jiménez ante el gobierno de Madrid, solicitando ayuda económica. Para colmo de males la noche del 25 de diciembre un importante terremoto sacude la población produciendo notables daños materiales.

La labor del alcalde fue intensa, procurando ayudar a miles de motrileños que vivían en chozas en la calle y después intentado que desde el gobierno de la Nación se reconociese a Motril como la ciudad que más daños cuantitativamente había sufrido por el terremoto, con casi 600 casas en ruinas y gravemente dañadas tras las constantes réplicas del seísmo que duran hasta abril de 1885. Es en este año cuando se restablece el voto de la ciudad a Nuestro Padre Jesús Nazareno, olvidado en los últimos 60 años.

Nicho de Pedro Moreu en el cementerio de Motril

1885 es, también, el año del cólera, epidemia que afectó a Motril entre julio y septiembre produciendo unas 500 víctimas. Moreu, ya en junio, convoca la Junta Municipal de Sanidad, ordenando que se blanqueasen las casas, que se rieguen las calles y obligando a que se hiciesen excusados en todas las viviendas. Se establecieron dos estaciones de fumigación de viajeros y mercancías en el Ventorrillo del Lobo en la carretera de Granada y en el Camino de las Ventillas, atendidos por funcionaros municipales y los médicos titulares. Se preparó el cementerio abriendo grandes fosas comunes y se acordó utilizar el antiguo convento de Capuchinos como hospital de coléricos atendido por la Hermanas Mercedarias. A pesar de todo, entre los días 16 y el 22 de julio ya hay casos registrados y diagnosticados de cólera en la ciudad y se producen las primeras defunciones, siendo el mes de agosto el más virulento hasta que, por fin, la epidemia se da por terminada el 24 de septiembre acordando el Ayuntamiento declarar fiesta local el día 28, con la celebración ese día un solemne Te Deum en la Iglesia Mayor en acción de gracias, luminarias, cohetes y pasacalles de la Banda Municipal y por la tarde una gran procesión con la Virgen de la Cabeza y Nuestro padre Jesús Nazareno.

La actuación del alcalde Moreu durante la epidemia también fue muy significativa. Al frente del Ayuntamiento y de la Junta de Sanidad socorrió en lo que pudo, día y noche, a los afectados, pagando gastos incluso con su fortuna personal. Siendo su afán de ayudar reconocido por todos los motrileños. El Estado le concedió por su acción la Gran Cruz de Isabel la Católica.

En 1886 su política consistió en la reivindicación del tren para Motril, intentó el estableciendo de la electricidad para la ciudad y consigue una línea telefónica con Salobreña, pero el 11 de noviembre estando en el salón de conferencias del Palacio de la Cortes sufrió un ataque apoplético del que no se recuperó plenamente y murió de pulmonía el 11 de marzo de 1887 en su cortijo de La Reala.

El Ayuntamiento reunido en pleno acordó, ese día, hacerle al alcalde un mausoleo en el cementerio, colocar su retrato en la Salón de Plenos y poner el nombre de Pedro Moreu a la plaza de la Iglesia donde vivió.

Desaparecía así uno de los alcaldes más prestigiosos de la historia del Motril del siglo XIX, cuya labor política la ejerció en unos años bastante difíciles para una ciudad que iniciaban con muchas dificultades los caminos del futuro.

Hoy un casi abandonado nicho de desdibujada lapida en el primer patio del cementerio, acoge la memoria de Pedro Moreu, el alcalde de los terremotos y del cólera.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=108481

Escrito por ElFaro en 26 ene 2019. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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