El Faro

RELATOS DE LA HISTORIA DE MOTRIL

LAS PROPIEDADES DEL CONVENTO DE LAS NAZARENAS DE MOTRIL A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

MANUEL DOMÍNGUEZ -Historiador. Hijo Predilecto de Motril-

El monasterio de la Visitacion de Santa María, conocido por popularmente como el convento de las Nazarenas, tiene su origen en un beaterio dedicado a San Francisco de Sales fundado por Sebastiana de Santa María de la Cruz Gómez y doce mujeres más el 13 de febrero 1699. Sebastiana Gómez había nacido en Motril en junio de 1658 y desde la infancia fue considerada casi como una santa. Mujer de gran fe y carácter fundaría el citado beaterio en la casa de Gaspar de Paniza de Guevara que desde 1679 estaba destinada por su dueño para que en ella se fundara un convento y que había sido hospital durante la epidemia de peste de ese año, hospital en el que estuvo ayudando a curar enfermos Sebastiana durante la terrible epidemia.

No se le autorizó por el Arzobispado fundar un convento de San Francisco de Sales, pero un día vinieron a sus manos unas estampas de unas monjas que habían creado un convento en la ciudad peruana de Lima y que aparecían vestidas de nazarenas con su cruz, túnica, corona de espinas y soga al cuello. Quiso nuestra motrileña fundar algo así en Motril, pero de nuevo se le denegó la petición y en cambio sí que encontró facilidades para hacer la fundación como Agustinas Recoletas a propuesta del arzobispo granadino Martin de Azcargorta, fundación confirmada por el rey Felipe V por real merced de 17 de mayo de 1717, erigiéndose definitivamente como monasterio de clausura por decreto de arzobispo granadino de 16 de abril de 1718 y cuyas constituciones fueron redactadas ese mismo año por el padre Pedro de San Agustín. Pero no descansó hasta que consiguió la túnica de Nazarenas y se le envió la bula de confirmación por el papa Benedicto XIII en 1729. A la túnica añadirían, como ceñidor, una correa como señal de ser agustinas recoletas.

Sor Sebastiana de Santa María de la Cruz, fundadora del convento (Foto: El Faro)

La casa donde se funda el convento estaba situada al noroeste de Motril en el camino hacia Pataura, era un edificio de gran porte y que poseía en su parte trasera una productiva huerta regada con agua de que se traía por cañería desde un manantial situado en los cercanos montes de Magdalite. Evidentemente pronto el convento recibiría donaciones y dotes de las nuevas novicias hasta hacerse con un regular patrimonio que permitiese el sostenimiento de la Orden.

Conocemos gracias al Castro de Ensenada las propiedades del Convento de la Nazarenas en 1752, apenas 16 años después de la muerte de su fundadora.

Poseía el convento dos casas en la calleja que desde el camino de las cañas sale a la Iglesia Mayor, hoy calle Jazmín, otra casa en el Camino de las Cañas, otra en la calle Puerta de Granada, un horno de pan en la Rambla de la Posta, una vivienda en la Calle Nueva y cinco casas más ubicadas en las calles Buenavista, San Roque, Carrizo, Aduana y el Ejido de las Monjas frente al convento. Estaba todas arrendadas y les producía a sus propietarias la cantidad anual de 1.531 reales.

En cuanto a las propiedades agrícolas tenían 110 marjales de tierra de riego de diversa calidad en la vega de Motril. 32 marjales de tierras de primera calidad: 10 en el pago de la Cañada, 13 en el del Agua del Hospital y 9 en el de la Rambla. De segunda calidad tenían 27 marjales, de los cuales 3 estaban en el pago de la Acequia Chica, 8 en el Callejón de Paterna y 16 en el Callejón del Taraje. 35 marjales de tercera calidad, 9 en el pago de la Rambla y 26 en el pago del Balate de la Culebra. Por último, como tierras incultas por naturaleza, tenían 16 marjales situados en el Camino que iba a la Punta de Carchuna.

En la Vega de Pataura eran de la propiedad del convento 12 marjales plantados de cañas de azúcar en el pago de la Puente de Tablas, que tenían arrendados a Nicolás Duran.

De secano tenían una finca de 8 fanegas de tercera calidad en el Magdalite que apenas les producía una pequeña rentabilidad.

Trasera del convento de las Nazarenas en los primeros años del siglo XX (Foto: El Faro)

El total de las tierras les rentaba unos ingresos anuales de 1.548 reales. Entre el arriendo de las casas y las tierras la comunidad nazarena recibía 3.075 reales al año, cantidad más que insuficiente para su mantenimiento, ya que solo por la casa donde estaba el convento pagaban un censo anual de 219 reales. Baste citar que un sacristán de la Iglesia Mayor en la misma época ganaba 1.100 reales anuales. Es la tónica general de las Nazarenas en Motril en el siglo XVIII, una gran pobreza y falta de recursos económicos que únicamente eran suplidos por la caridad de los motrileños, del Cardenal Belluga que en sus fundaciones dejó una cantidad anual para el sostenimiento de las Nazarenas y de algunas de las familias nobles con propiedades en nuestra ciudad, tal como hacía el marqués de Algarinejo que anualmente entregaba una limosna para el convento. Documentos hay muchos donde se mencionan las necesidades extremas que pasaban las monjas motrileñas. Como ejemplo, en 1779 la priora sor Josepha Rita de San Francisco de Sales, pedía una limosna al citado marqués porque no tenían ni agua para beber, ya que se había secado la fuente que abastecía al convento y carecían dinero para poder comprar agua.

A partir de 1836 las propiedades de la Nazarenas fueron desamortizadas y vendidas en pública subasta, únicamente les quedó la iglesia, el convento y la huerta.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=100607

Escrito por ElFaro en 11 feb 2018. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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