El Faro

Cataluña versus España: ¿la historia se repite?

Cataluña versus España: ¿la historia se repite?

DOMINGO LÓPEZ FERNÁNDEZ

Se viven en estos días horas convulsas en la España de nuestros amores. Sin duda, el problema más grave de cuantos nos han podido afectar desde el inicio de la democracia, salvando, claro está, el golpe de estado del 23F.  A fecha de hoy un apéndice del territorio nacional, Cataluña, rompe con el ordenamiento jurídico y avisa que se va de España, que se independiza, que abandona el paraguas de la nación. La declaración de la “república catalana” quedó materializada formalmente pasadas las 19:00 has. de la tarde del día 10 de octubre, aunque inmediatamente quedó en suspenso para evitar la posible repercusión jurídica del hecho. La ambigüedad, el artificio y la táctica filibustera a que nos tiene acostumbrados el Sr. Presidente de la Generalitat quedaba nuevamente de manifiesto, aunque esta vez ha tenido la rápida respuesta del gobierno, que ha puesto en marcha el mecanismo del artículo 155 de la constitución española, medida que nunca antes se había pensado poner en práctica en la nación. El ambiente creado recuerda con mucho la escena que plasma el gran artista Francisco de Goya en la pintura negra que titula “Duelo a garrotazos”. Dos personajes de la España ancestral aparecen enterrados hasta las rodillas y  se baten armados con un garrote en una afrenta a muerte. El resultado es impredecible; nadie sabe quién ganará, pero es evidente que uno de ellos perderá, o quizás los dos; los efectos ya lo estamos notando en la nación, aunque Cataluña se lleva la palma con la deslocalización de las principales empresas punteras y no punteras de su economía.

Al hilo de la cuestión catalana, un aserto del político francés Camille See cobra actualidad, pues afirmaba en su día que “la historia se repite, pero lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan”. Si trasladamos el contenido de la frase al tema que estamos tratando hemos de reconocer que, desde luego, contiene una alta dosis de verdad. No hay más que ver la situación vivida entre España y Cataluña hace más de un siglo, época en la que el ambiente se tornó igualmente convulso por la cuestión económica, la misma que hoy ha tensado la cuerda hasta límites infranqueables. En aquel entonces no se dedujeron las consecuencias que tales aires de libertad pudieron generar en su fuero interno y sobretodo en la proyección económica de Cataluña. La pela es la pela y esta frase también contiene mucho de razón ya que los sucesos que afectaron a España por aquel entonces también generaron los mismos aires de autodeterminación que ahora nos toca vivir. Aconteció el delirio de independencia en 1900 a remanso de la pérdida de las colonias, un fructífero mercado que se esfumó y que siempre gozó del proteccionismo hispano en favor de la industria fabril catalana. Herida en su economía, Cataluña quiso acusar o estigmatizar a toda la nación a quien dirigía sus críticas por conducirles a la ruina. Según uno de los cronistas de El Defensor de Granada, “la región quiso apartarse del vencido, humillado y deshonrado, para establecer con la distinción de personalidades la distinción de responsabilidades, naciendo de ese deseo el regionalismo, más o menos exagerado, que constituye la bandera de la protesta catalana”.

DUELO A GARROTAZOS

A raíz de esta situación, en los comienzos del siglo XX la prensa se hacía una pregunta que hoy en día tiene mucho de actualidad. Se interrogaba por aquel entonces ¿que ganaría Cataluña con la separación de España?  La respuesta fue igualmente tajante y el ejemplo lo encontramos en El Defensor de Granada del día 15 de mayo de 1900. Según su redactor Cataluña tenía dos caminos, mendigar la anexión a Francia o afirmar su independencia. En ambos casos afirmaba el cronista que consumaría su total ruina económica. Para él “los catalanes, que saben contar muy bien, y no descuidan la aritmética, jamás optarían por una solución que había de representar para ellos el cierre de las fábricas, la desolación en los campos, el hambre, la despoblación y la muerte”. Seguía el mismo exponiendo que “anexionada a Francia o independiente, la primera consecuencia de la separación sería el levantamiento de una muralla de la China entre el mercado español, único importante que tiene Cataluña, y el resto de la nación. La pérdida del mercado español representa para Cataluña la huelga forzosa de 300.000 obreros y la quiebra inmediata de todas sus fábricas. Anexionada a Francia, la industria catalana sería arruinada además por la competencia de la industria francesa. Declarada independiente, los capitales y las industrias catalanas emigrarían hacia las demás provincias españolas en busca de vida y mercados. Esto lo saben los catalanes mejor que nosotros. Solo un pueblo de mentecatos sería capaz de pensar en el separatismo, dadas las condiciones de Cataluña, que vive en España y por España”. Desde luego, el escenario no es un imaginario; es tan real como el que estamos viviendo en nuestros días. El célebre escritor catalán Josep Pla ya lo decía en 1976 al referirse a su tierra con una frase lapidaria que ha quedado para la posteridad: “el catalanismo no se puede desvincular de España; Cataluña fabrica muchos calzoncillos pero no tiene tantos culos”.

Visto lo visto hace ya más de un siglo, cual podría ser la salida más airosa para el llamado contencioso catalán. La respuesta la daba el mismo cronista de El Defensor con la siguiente apostura: “Mil veces lo hemos dicho: autonomía regional o provincial bajo y dentro de España; moralidad, energía, fuerza y vigor en el poder central; España para los españoles, no para las sectas, ni las clases, ni las instituciones, ni las dinastías, ni los privilegios. Esa es la España que amarían los catalanes buenos. Es nuestra España”.

Parece que fue ayer, pero la realidad la vivimos en nuestros días. El desenlace final está por llegar, pero está claro que la fractura social ya es un hecho cierto. Fractura de convivencia entre los propios catalanes y en la sociedad española. Sea cual fuera el resultado que nos depare la historia, esa fractura tardará mucho en quedar restañada.

Domingo A. López Fernández

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=94284

Escrito por ElFaro en 12 oct 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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