El Faro

EL VERBO PROSCRITO

VISCOSIDAD ABSOLUTA

JUAN JOSÉ CUENCA -Escritor-

Asco. Asquito. Repelús del bueno y ganas de lanzar por la boca en chorros desesperados hasta la primera papilla que me metí en el cuerpo. Eso es lo que siento ahora mismo después de toparme con esta singular noticia. O quizás sea que me he convertido en un pusilánime y la cosa no sea para tanto. De todas formas, les aviso de antemano de que este artículo es un poco asquerosillo, sobre todo para aquellos de estómago sensible o que acaben de ingerir algún alimento copioso.

Lo que son las cosas. Tantos años reprimidos, regañados, mofados y acusados por algún desliz que casi siempre ocurría sin apenas darte cuenta o darle más importancia de la necesaria, ahora resulta que un estudio médico afirma que comerse los mocos no es malo, sino muy beneficioso para la salud. Al estigma que colgaba con un rosario del cuello del pobre aquél que hubiera sido cazado con un dedo en la nariz y después en la boca, había que añadir ineludiblemente el tormentoso y poco fino mote de “comemocos”. Un comemocos hecho y derecho y, lo que era peor, para toda la vida. Daba igual que sólo hubieras caído en falta una sola vez, aquello bastaba para rebautizarte para los restos. Y si era tu madre la que te pillaba con el dedo en la masa, la retahíla de reproches y consejos  bienintencionados no tenía fin: “si sigues así se te va a caer el dedo”, “como te comas los mocos se te va a pudrir la barriga y te vas a poner enfermo, o te mueres directamente”, “si te veo comerte más los mocos se lo voy a decir a la señorita en el cole para que se lo diga a los demás niños y se rían de ti”. Esta última afirmación era la que más se temía, la que te dejaba paralizado por el horror, por lo del escarnio y persecución que comentábamos antes. Tanto, que nos entraba un rubor desmesurado que iba ascendiendo desde la planta de los pies hasta la mismísima frente, como si acabáramos de ser pillados descuartizando un cadáver en el sótano de casa.

El moco (del latín mucus) es una sustancia viscosa de origen biológico. Se produce como método de protección de algunas superficies en el ser vivo, como por ejemplo contra la deshidratación (pulmones), protección de un ataque bioquímico (mucosidad del estómago), de un ataque bacteriológico (mucosidad respiratoria) o simplemente como lubricante (colon, esófago). Es producido por un tipo especializado de células llamadas caliciformes, en el retículo endoplasmático y en el aparato de Golgi. Segregado por las membranas mucosas, se compone de una mezcla de proteoglicanos y glicoproteínas. Posee altas concentraciones de anticuerpos y efectúa unas funciones protectoras en el organismo.

Como hurgarse la nariz y comerse los mocos parece ser que es una práctica bastante habitual entre los más pequeños de la casa, los padres andan a la gresca prohibiéndoselo a sus hijos por considerarlo insalubre y una guarrada. Nada más lejos de la realidad (nos referimos a la insalubridad, no a la guarrada), ya que un estudio del Centro Nacional de Información Biotecnológica de Canadá ha determinado que zamparse los mocos de la nariz es beneficioso para la salud. Con dos cojones. En el estudio se menciona que entre estos beneficios está la protección de los dientes, evita infecciones respiratorias, úlceras de estómago e, incluso, podría ser bueno y paliar el contagio del omnipresente y temido VIH.

Las secreciones nasales contienen, entre otras cosas que no mencionaremos aquí, mucinas salivales que forman una barrera protectora contra las bacterias que causan agujeros en el esmalte dental, por lo que los mocos son buenos para prevenir la caries.

Según sostiene el profesor austriaco Fiedrich Bischinger en declaraciones al periódico “The Independent”, las personas que se comen los mocos son más felices y sanas. Asegura también que “comer los restos secos que quedan en la nariz es una gran manera de fortalecer el sistema inmunológico. Médicamente tiene mucho sentido y es algo perfectamente normal”.

Hombre, tanto como perfectamente normal…, habría que votarlo y sopesarlo. Pero como últimamente estamos hasta la  coronilla de votaciones y referéndum, lo dejaremos para otra ocasión. Lo que sí es cierto es que por muy beneficioso que sea, no me veo yo (ni a nadie, seguro) con los mocos colgando y dándonos lametones. Porque esa es otra cosa: ¿qué ocurre con esa mucosidad que es reticente a quedarse en la napia y se escurre en caudal de aguachirri verdoso hasta los mismísimos labios? Pues eso, con un sorbetón basta, y sin tener que sacar las manos de los bolsillos, algo por otra parte muy provechoso cuando hace frío en invierno.

Y échense a temblar, que algunas compañías ya estudian fabricar helados y chupa-chups con sabor a moco y con todas sus propiedades beneficiosas intactas.

El despropósito.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=93644

Escrito por ElFaro en 30 sep 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

Deja un comentario

WordPress Themes

Galería de fotos

Acceder mugen 2d fighting games
Wp Advanced Newspaper WordPress Themes Gabfire