El Faro

FINIS AFRICAE

DEMASIADAS BANDERAS

FRANCISCO GUARDIA -Escritor-

Una bandera es lo que es y para lo que es. Es un símbolo que integra y representa a un pueblo; no una marca de división y discordia. Y es para lucirla en los edificios, al frente de un ejército o tremolada en actos muy especiales de la vida civil. Tan singulares que en el pasado y antes de que se llegara a la confusión de estados tras las reformas de la constitución de Cádiz, el haber ejercido algún antepasado como alférez portador de la bandera o pendón en las grandes celebraciones del cabildo se consideraba como una positiva prueba de nobleza. Por el contrario la visión de una horda repitiendo como loros consignas y convirtiendo la calle en un mar de banderas es algo que produce repelús porque nos recuerda tristes episodios del pasado. Creo que fue Cela quien escribió una vez que bastan unas consignas y unas banderas administradas por unos miserables para que el hombre se entigrezca.

El espectáculo de los secesionistas en la manifestación de la diada nos ha traído a la memoria imágenes que sólo hemos conocido en documentales sobre el Tercer Reich. En aquellos era la enseña con la cruz gamada la que multiplicada ad nauseam llenaba las pantallas, y en la Barcelona de 2017 la estelada igual de repulsiva por la perversidad y el peligro que supone dividir a la sociedad catalana en dos categorías de ciudadanos. Y todo esto no sólo consentido por las autoridades de la Generalidad sino estimulado por los pequeños sátrapas que gobiernan a aquella autonomía.

Uno que ya tiene alguna experiencia de la vida echa la vista atrás y no recuerda nada parecido a pesar de haber vivido los años de la posguerra de indudable exaltación patriótica. Del Motril de mi infancia conservo vagamente en la memoria, en los primeros años cuarenta, unos desfiles de la Falange que no puedo asegurar si se celebraban una vez al mes o a la semana, en que desde mi balcón del número 4 de la calle Milanesa se oían a lo lejos los tambores, cornetas y cánticos de los chavales del Frente de Juventudes que venían desde la plaza llamada entonces de los Mártires (el motrileño de a pie se refería a ella como plaza de la “falahe”) y ahora de la Libertad: el tono iba subiendo, cada vez más cerca, hasta que en el cruce de las calles Marqués de Vistabella y Milanesa que era lo que mi vista dominaba desde el balcón aparecía a la izquierda la cabecera del desfile con tres o cuatro banderas que a mí me parecían un montón, camino de la Cruz de los Caídos donde supongo se celebraría un acto que nunca presencié. Ignoro si el no excesivo despliegue de banderas se debía a la opinión de los jerarcas de Falange de que con esas era suficiente o a la escasez de tela pues eran tiempos de penuria y desabastecimiento.

Como ahora no hay carestía de telas y la industria textil de Cataluña antes pujante y actualmente en declive gracias a sus dirigentes tiene que reinventarse, la grey separatista ha vislumbrado una solución en la fabricación de banderas a porrillo esperando que tengan el mismo efecto sobre la psique del separatista que el hachís sobre la mente del sicario de la secta de los Hashashin.

Así los vemos cada día más embrutecidos hasta incurrir en la indignidad de traer como invitado de honor a la que se supone es la fiesta mayor de Cataluña -por tanto de todos los catalanes- a un asesino de la calaña de Arnaldo Otegui cuyo currículo no es ajeno a páginas negras de la reciente historia de aquella región. El que haya cumplido las benévolas condenas que le han sido impuestas en los casos que los cargos contra él han sido probados, no convierten a un bandido en una persona honorable.

Y al estupor que nos produce esta situación a la que hemos llegado por el cómplice trapicheo de todos los partidos políticos se une la inquietud ante el comportamiento de la policía autonómica que ya no sabemos si existe para garantizar las libertades de todos o se han convertido en los Tonton Macoutes de Papa Fregona. La actuación de los mozos de escuadra impidiendo el intento del periodista Cake Minuesa de acercarse a preguntar a la hiena de Elgóibar, haciendo la vista gorda cuando el reportero recibió zancadillas y patadas de los amigos del terrorista, que no llegaron a más porque advirtió estaban siendo grabados, o en el momento que un independentista trepó al monumento a Casanova para colocar su bandera, pero acudiendo solícitos a impedir que se pusiera una española, nos hacen dudar si lo que entre todos estamos subvencionando es nuestra libertad y seguridad -también los que vivimos fuera visitamos de vez en cuando Cataluña- o una recua de lacayos al servicio de determinados partidos políticos.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=92672

Escrito por ElFaro en 13 sep 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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