El Faro

EL VERBO PROSCRITO

AMORES TÓXICOS

JUAN JOSÉ CUENCA -Escritor-

La vida en pareja esconde multitud de aristas, innumerables variantes que hacen de cada amor un universo único, totalmente diferente, a cualquier otro. Y claro está, el nuestro será por siempre jamás el más bonito, el más maravilloso y auténtico…hasta que se acaba. Mientras dure el amor todo son parabienes (contigo pan y cebolla), felicidad y quitarle hierro a los asuntos del otro. Es decir, tendemos a minimizar o a hacer desaparecer completamente los defectos de nuestra pareja para elevarla al Olimpo de los santos perfectos. También en este período ñoño y edulcorado solemos hacer algunas gilipolleces de las que luego (y más si la relación ya ha terminado) nos arrepentimos con el arrepentimiento más arrepentido. Y todo en nombre del amor.

La gota que colma el vaso llega por San Valentín, donde las muestras de amor emergen con la primavera y el calorcito y los despropósitos alcanzan cotas verdaderamente espeluznantes. La historia que vamos a conocer hoy nos habla, precisamente, de uno de esos despropósitos.

Resulta que la historia en cuestión tiene como protagonistas a San Valentín, al amor, cariño, paz, sosiego…todo perfecto hasta que tu chica descubre que se la estás dando con queso. Con queso del añejo. Al parecer, la muchacha al descubrir esto ni corta ni perezosa se arrancó literalmente un tatuaje que llevaba en el antebrazo y se lo mandó a su ex novio por correo.

Torz Reynolds, sufriendo un ataque de cuernos reales, tuvo la feliz ocurrencia de coger el bisturí, estirarse la piel del antebrazo y ¡zas!, tatuaje para la historia. En éste se podía leer el siguiente lema: “Choper’s Bitch”. Choper, claro, era el novio y la traducción sería más o menos “la zorra de Choper”. Muy sutil y delicado ¿verdad? Acto seguido, y no teniendo bastante, se le envió al muchacho por correo certificado. Hilarante, espeluznante e inquietante. Desconocemos la cara que puso Choper al abrir la correspondencia, pero seguro que era todo un poema, y no de amor precisamente.

Entiendo que por amor, por el obcecamiento predominante en una relación en la que nos empeñamos en verlo todo de color de rosa, se pueden cometer barbaridades. Todo en el calor del momento, que diría aquel. Pero también todo tiene un límite y deberíamos pararnos a pensar que lo que hoy nos parece único, verdadero y eterno, mañana nos puede transportar al mismísimo infierno. Por que del amor al odio hay un pasito muy pequeño, casi imperceptible, y si andamos tatuándonos algo por cada conquista, al final pueden ocurrir dos cosas: o que se nos quede el cuerpo hecho unos zorros, ajado de cicatrices después de haber roto con cada una de nuestras parejas y habernos intervenido nosotros mismos quirúrgicamente, o bien se nos quedaría con el efecto contrario, con más tinta en nuestro cuerpo que en el Quijote escrito a mano.

Mesura, señoras y señores. Una cosa es amar, incluso amar incontenidamente, y otra muy distinta es hacer el tonto.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=87034

Escrito por ElFaro en 31 may 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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