El Faro

EL VERBO PROSCRITO

DIENTES, DIENTES…

JUAN JOSÉ CUENCA -Escritor-

La envidia asoma a nuestros rostros cada vez que nos ponemos delante de la pantalla de televisión o vemos fotografías de personas perfectas, con unos cuerpos perfectos, con un moreno perfecto y… con unos dientes perfectos y blanquísimos que relucen al sol como un medallón de oro de la Virgen de Lourdes. ¿Cómo conseguir una dentadura digna del galán de una telenovela uruguaya? ¿Qué designios hacen que un día nos levantemos de la cama y pensemos que ya no pasamos ni un minuto más con esos dientes de ratón, oscuros y tristes?

Aclarar el color de los dientes está al alcance de todos. Pero esto supone emplear productos capaces de eliminar el esmalte dental superficial mediante tratamientos con productos blanqueadores que, de una forma u otra, suponen riesgos para los tejidos que rodean al diente e incluso a éste mismo. Según Miguel López Andrade, vocal del comité ejecutivo del Consejo General de Dentistas de España, el blanqueamiento dental no es un tratamiento sencillo de aplicar y la legislación europea y nacional exige que el peróxido de hidrógeno, del que derivan todos los productos blanqueadores, debe ser sólo aplicado con la supervisión y control de un dentista cualificado cuando su concentración sea superior al 0’1 %. Además, se nos avisa que no deben pasar por este tratamiento quienes padezcan de trastornos de la boca, sensibilidad dental, estomatitis o problemas gingivales, ya que pueden sufrir efectos secundarios que pueden variar en su gravedad.

Concentrándonos en su perspectiva terapéutica, el blanqueamiento dental trata las manchas producidas por la ingesta de determinados alimentos o medicamentos, o de un exceso de flúor en el agua que consumimos y que puede provocar en los dientes una coloración amarillenta o verdosa. En el caso de los medicamentos que manchan los dientes, éstos se tratan principalmente con tetraciclina, un antibiótico derivado de la penicilina. Las personas afectadas por manchas dentales tienden a tapar y esconder sus dientes, no suelen sonreír y, cuando lo hacen, se tapan con la mano la boca. Parece una liviandad, pero estas personas pueden sufrir trastornos psicológicos e incluso marginación en algunas situaciones.

En su vertiente estética el tratamiento se realiza en personas que desean tener unos dientes más blancos, cual primera nieve caída en la montaña. Esto hace que cada vez más comúnmente se detecte lo que se ha dado en denominar “blancorexia”, sufrida sobre todo entre personas jóvenes y personajes que trabajan en medios audiovisuales, que nunca se ven los dientes lo suficientemente blancos.

Existen en la actualidad dos técnicas basadas en los productos blanqueadores derivados del peróxido de hidrógeno: el sistema ambulatorio progresivo o el realizado en clínicas, que es más rápido.

-          Método ambulatorio o blanqueamiento dental en casa. Aquí el paciente se traslada a la clínica donde se le tomarán referencias y medidas y donde preparan unas férulas que el individuo debe colocarse tras poner en ellas una pequeña cantidad de blanqueador a lo largo de varias semanas. Debe acudirse periódicamente a la clínica para que supervisen la evolución del tratamiento y verificar si se ha producido algún daño.

-          Blanqueamiento en clínica. Con este método se acelera el proceso a través de mayores concentraciones de peróxido de hidrógeno, eso sí, sin superar nunca el límite de la concentración. El tratamiento se aplica diente por diente y con una sesión de 40 minutos se obtienen resultados similares a un tratamiento ambulatorio a lo largo de 3-4 semanas.

Hay que tener en cuenta que un tratamiento de este tipo puede aclarar el color del diente en varios tonos, pero que al cabo de un tiempo éstos tenderán a volver a su color normal. Entonces, habrá que repetir el tratamiento con los riesgos que conlleva para nuestros dientes y encías.

La legislación sobre el uso del peróxido de hidrógeno es muy estricta y no está permitido una proporción de más de un 0’1%, ya que existe la posibilidad de producirse daños en la faringe. Otra recomendación a tener en cuenta es que no puede usarse en niños. Cuando alguien se decide por este tratamiento debe exigir el etiquetado del producto donde se debe especificar la concentración del mismo.

Por otro lado, quien se someta a uno de estos blanqueamientos dentales deberá tener cuidado y no consumir o moderar el consumo de productos como el tabaco, café, vino tinto y algunas verduras. Además, el blanqueamiento dental puede producir un aumento de la sensibilidad dental ya que causa una abrasión que elimina una pequeña parte de la capa del diente, por lo que ahora los compuestos blanqueadores están añadiendo al producto materiales que minimicen el aumento de la sensibilidad.

Con todos estos consejos, ahora a poner en práctica lo que proclamaba aquella tonadillera venida a menos y que en su día tuvo ínfulas de marquesa de todas las Marbellas: “Dientes, dientes, que es lo que les jode…”.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=86121

Escrito por ElFaro en 18 may 2017. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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