El Faro

EL VERBO PROSCRITO

EL ESPINOSO ASUNTO DE LOS PELAGATOS

JUAN JOSÉ CUENCA -Escritor-

Pelagatos. Persona insignificante o mediocre, sin posición social o económica.

Si atendemos a esta definición que nos ofrece el Diccionario de la Lengua Española, nos percatamos enseguida de  que miremos a donde miremos, pelagatos hay en todos sitios rodeándonos por doquier a cada paso que damos.

Pelagatos los hay en el trabajo, por supuesto. Y si no que se lo cuenten a más de uno que tiene que aguantar, sí o sí, a energúmenos descerebrados en la oficina, en la obra o en una empresa de limpieza, que da lo mismo. Y no me refiero a los demás empleados y compañeros precisamente, sino a los jefes y jefecillos que pululan sin control amargando la vida (y el curro) a sus subordinados. Ya sé que no todos los jefes se deben medir con el mismo rasero, que hay jefes y jefes, pero no me negarán ustedes que la inmensa mayoría son unos toca pelotas. ¿O acaso no conoce alguno de ustedes un  caso donde, da igual la empresa, existe un jefe con menos estudios, ideas o ambiciones laborales que cualquiera de sus empleados? ¿Acaso no es cierto que más de una vez se ha perdido un proyecto brillante o una idea audaz, solo porque no se le ha ocurrido al jefe? La mayor parte de los problemas entre compañeros se debe también al comportamiento inadecuado y tiránico de aquél que tenemos por encima nuestro en el puesto de trabajo. Si eres jefe, da igual que no sepas hacer la “o” con un canuto, que seas prepotente y arrogante, maldiciente, follonero e, incluso, loco: eres el jefe y punto, nada se te cuestiona.

Seguramente en su vida cotidiana será un don nadie, al que le llueven palos por todos sitios, sin amistades o vida social, ignorado por vecinos y hasta ninguneado por su mujer e hijos. Viven solo pensando en el trabajo y en cómo fastidiar a sus empleados porque, en el fondo, se sienten frustrados en su propia vida y envidiosos de la ajena. Un pelagatos en toda regla.

Pelagatos los hay también en la cola del cine, o en el supermercado, o en la puerta de la guardería de los niños. Todos conocemos a más de uno, ya sean conocidos, amigos o familiares y parecen brotar como las setas para recordarnos a cada instante cada uno de nuestros errores o defectos. Buscan solo eso, esconder sus propias miserias y carencias excusándose en la sensación de poder, en el poder en sí mismo, de la palabra.

Si el pelagatos en cuestión es alguien de la familia con el que tenemos un trato más o menos asiduo, tales como un cuñado chulo y aguafiestas, una suegra que lo único que hace es recordarte la clase de vida tan estupenda que hubiese llevado su hijita del alma de haberse casado con su primer novio, sí, aquél que ahora es un Juez de renombre, o incluso un primo pejigueras que solo aparece por casa de vez en cuando para pegarte la gorra, si es así ya digo, mucho, muchísimo peor, porque no nos quedará más remedio que relacionarnos con ellos queramos o no queramos. Porque no es lo mismo llegar a casita, cambiar el chip y desconectar del jefecillo pelagatos hasta el día siguiente, que encontrártelo cara a cara en tu salón. No te escapas ni aunque tengas la ayuda de la mejor dotación de bomberos y antidisturbios disponible. Solo te resta poner cara de resignación, sacar un par de cervezas del frigorífico e intentar que la visita no se prolongue más allá de lo estrictamente necesario o cortés.

Por el contrario, si lo que usted busca es prodigarse y regocijarse en la compañía que ofrecen los pelagatos, no le dé más vueltas y déjese querer. A buen seguro que no le faltarán candidatos allá donde vaya. También puede sentarse frente a la televisión y poner cualquier debate político o sesión en el Congreso de los Diputados: ahí encontrará pelagatos casi, casi, encima de todos los escaños. Porque los políticos son una etnia aparte mucho más peligrosa de pelagatos, toda vez que son ellos los que dirigen y opinan todos los días sobre nuestras vidas. Para vergüenza ajena.

Como dijo el Conde de Chesterfield (1694-1773, y no, no fue el precursor de esta marca de tabaco, sino un político y escritor inglés): “Si te propones algún día mandar con dignidad, debes servir con diligencia”.

Pues eso.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=44952

Escrito por ElFaro en 30 sep 2015. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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