El Faro

EL VERBO PROSCRITO

UNA FERIA DESCAFEINADA

JUAN JOSÉ CUENCA -Escritor-

Paseando por la Feria del Libro de nuestra localidad en su 34ª edición llegué a dos conclusiones: que, al menos este año, no iba a pisarla más y el poco interés que tenemos los motrileños por la lectura. Si no, que alguien me explique la fuga de casetas que edición tras edición se hace dolorosamente más patente hasta quedar en su mínima expresión. La caseta del Ayuntamiento y un par de ellas o tres más, que un puñado de nostálgicos empedernidos tratan de salvar a toda costa. Punto. Esto me hace pensar e intentar descubrir qué es lo que falla, que mecanismo del engranaje pluscuamperfecto de esta Feria es el que chirría.

Un libro es atemporal, mágico y universal no por su contenido o temática, sino por las personas que lo leen. Más allá de la cubierta o las páginas interiores existe una galaxia literaria que, al fin y al cabo, es la que une personas o, al menos, las hace un poco más humanas.

¿Qué es lo que pasa en la Feria del Libro de Motril? ¿Qué oscuros intereses prevalecen sobre el ansia y el derecho de la lectura y las ganas de conocer? ¿O es que, acaso, la lectura no importa ya a nadie? Muchas preguntas que se quedarán sin respuesta. Al principio, acostumbrado como está uno a echarle la culpa al primero que pasa por delante de mis narices, pensé que quizás se debiera a la poca predisposición de nuestro querido Ayuntamiento que siempre encuentra algo mejor en lo que gastar el dinero y el tiempo, que asfixiaba a los libreros con impuestos astronómicos y cortapisas de todo tipo. Pero parece que no van por ahí los tiros. Años anteriores el Ayuntamiento ha dado a cada librero el 50% de lo que costaba el alquiler de la caseta e, incluso, en las últimas ferias ha llegado a pagar el 75% para que estos trabajadores obtuvieran más margen de ganancias. Entonces ¿qué es lo que ocurre? Sencillamente lo que están pensando: que cada vez leemos menos. Y al leer menos los libreros han ido huyendo en desbandada porque no compensa el minúsculo beneficio que obtienen por toda una semana de trabajo (aunque los preparativos, selección de libros, empaquetamiento y transporte comienza unos días antes de la inauguración de la Feria) aguantando el tipo estoicamente contra viento y marea.

Quizás deberíamos culpar al sitio donde, año tras año, queda ubicada. O no. O sí, porque de acuerdo que la Plaza de la Aurora es lugar céntrico como ninguno y por donde pasan muchísimos motrileños al cabo del día. Vamos, que es un sitio de paso. Y quizás por eso, sólo quizás, como es un sitio de paso las personas hacen eso: pasar y no entretenerse en mirar libros. Se intenta por todos los medios amenizar el lugar con música, juegos para los más pequeños, payasos, castillos hinchables… y el libro, que debería ser el gran protagonista, queda relegado a un plano secundario prácticamente. Hasta la pequeña carpa que otras veces se ha montado para espectáculos, títeres, presentaciones o cuenta-cuentos, esta edición ha brillado por su ausencia.

Aún recuerdo con algo de nostalgia cuando podíamos ir paseando tranquilamente por el paseo de Las Explanadas, donde al placer de la caminata entre jardines y palmeras se añadía el aliciente de las casetas de libros donde pararse sin prisa y empaparse de las últimas novedades literarias. Sí, sin prisa porque a ese lugar no se va de paso. Se va a lo que se va, a disfrutar del espacio y de la buena compañía. Yo propondría que para el próximo año la Feria del Libro se ubicase, por ejemplo, en el Parque de los Pueblos de América. ¿Se imaginan ustedes una tarde de bonanza meteorológica, disfrutando de este lugar tan emblemático y paseando entre casetas y casetas de libros? No será por falta de espacio. Se puede montar una carpa más grande y concentrar allí todos los eventos relacionados con la celebración de la Feria: se podría hacer uso hasta del “quiosco” que existe junto al lago (donde muchas veces tocan grupos locales de música) para actuaciones y demás parafernalias; se podrían programar firmas de libros invitando a autores conocidos y comprometidos para que interactuaran con la gente y les descubriese o fomentase el gusanillo de la lectura…; y puede que así los libreros se animen a participar y nosotros nos animemos a leer. Por haber hay hasta columpios para entretener a los niños más díscolos y un pequeño bar que, de abrirse, también haría un buen servicio.

En fin, tomemos nota de otras ciudades que miman con esmero su Feria del Libro haciéndola crecer y desarrollarse año tras año. Estrujémonos la sesera para buscar soluciones y alternativas viables y al alcance de todo el mundo para recuperar la importancia que un libro se merece.

Una Feria con todo su sabor y aroma, y no este sucedáneo descafeinado que se ha instalado como un quiste pasivo pero a la vez dañino, en el mismo corazón de nuestra ciudad.

URL: http://www.elfaromotril.es/?p=34417

Escrito por ElFaro en 30 abr 2015. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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